La indolente comunicación interpersonal en los últimos tiempos
Hace algunos días, un buen amigo me comentó que en una de sus salidas cotidianas con su familia, decidieron almorzar en un restaurante de comida italiana. Al sentarse en las sillas, antes que lo atendiera el mesero, pudo observar un pequeño letrero que estaba ubicado en el centro de la mesa que decía: "el primero que mira su celular paga la cuenta". La historia me la expone, después de manifestarle lo muy preocupado que estoy por lo poco y mal que nos comunicamos entre familiares, amigos y con los compañeros de trabajo. Le contaba que, recientemente, asistí a una fiesta de cumpleaños y de las 11 personas que llegamos primero a la celebración, nueve de ellas estaban mirando su celular. Nadie se comunicaba ni mucho menos se miraban unos a otros. Curiosamente, durante más de cinco minutos me propuse mirar, de un lado a otro, a las personas en esa fiesta, para saber qué tiempo le dedicaban a mirar su celular antes de entablar una conversación personal con su pareja o con el amigo que estaba sentado al lado. Además de preocupado me llené de tristeza. Nadie se interesaba por la decoración, las viandas o por lo alegre que estaba la cumpleañera al celebrar su fiesta con sus amigos.
Muchos han sido los memes publicados en las redes sociales sobre el tema. Pero en vez de tomar conciencia sobre lo mal que hacemos, lo que comúnmente pasa es que nos reímos sin pensar el daño que nos formamos como humanidad. Al perder la práctica diaria de la conversación entre dos o más personas se pierde el sentido de la convivencia social. El debate de ideas, las historias y experiencias de nuestro diario vivir, que queremos compartir y contar a los amigos, esperando una reacción sobre el tema, la estamos perdiendo. ¿Será que la tecnología nos ganó la partida?
Es muy cierto que el teléfono celular es una herramienta que nos ayuda a comunicarnos y que de una u otra manera acorta distancia y tiempo para resolver algún problema, negocio o asunto privado. En el caso de nosotros los periodistas, la utilizamos como una herramienta de trabajo. Sin embargo, cuando se trata de reuniones familiares y entre amigos debemos tomar conciencia sobre la necesidad de utilizarlo. ¿En qué momento es indispensable el teléfono celular cuando estamos reunidos celebrando, o simplemente nos encontramos en el devenir diario? En el hogar, por ejemplo, cuando estamos reunidos en familia, antes se decía que la televisión nos separaba a los padres de los hijos. Quizás, ese medio de comunicación fue el inicio de un nuevo mundo en la comunicación interpersonal. A pesar de todo, no logro entender cómo en las aulas de las universidades, los docentes permiten el uso del celular a los estudiantes. Me dicen que es para investigar temas en la web. Ojalá así fuera. Todos sabemos que la mayor parte de la información que buscan los estudiantes son bochinches, farándula y basura informativa.
En días pasados, cuando recopilaba información a través de la observación y nutria este artículo con los comentarios de algunos amigos sobre el tema, me ocurrió algo inesperado. Conduciendo mi vehículo por una de las vías internas en la ciudad de Boquete – Chiriquí, por poco arrollo a una chica que caminaba con un niño de la mano. La joven estaba tan concentrada mirando su celular que no se percató de que se le terminaba la acera y siguió caminando. Al cruzar la calle, con su mirada clavada en la pantalla de su teléfono, me percaté de que la mujer no estaba consciente de lo que hacía, frené mi auto y le pité. El susto fue tan grande que su celular cayó en la carretera. Afortunadamente, la pérdida solo fue material. No me cabe duda de que muchos han observado en la web videos con casos similares o peores que el mío. ¿Es posible que el teléfono celular tenga un poder hipnotizador que idiotiza y estupefacta a las personas?
Muchos son los artículos que han escrito y publicado sociólogos y psicólogos del daño irreversible que causa el uso irracional y excesivo del teléfono celular. Nos hemos convertido en seres más dependientes de la telefonía celular que de nuestra propia familia. La verdad no sé qué tan necesario sea para las personas vivir dependiendo de este aparato. No se imaginan lo difícil e incómodo que es tratar de conversar con una persona que tiene su mirada, mente y, creo que, hasta su alma atrapada en un celular. Lo que sí creo es que como periodistas o profesionales de la comunicación social, el celular solo debe ser una herramienta que debemos utilizar cuando estemos trabajando o sea necesario para estar informado sobre un tema que nos atañe. El resto del tiempo, dediquémoslo a disfrutar de una vida familiar y social más comunicativa, sin el celular.