Cogito, Ergo Sum
Miro el acontecer nacional y, por alguna razón, pienso en el juego de ajedrez. Aprendí, desde temprana edad, a jugar ajedrez. A las pocas semanas de haber aprendido este juego llamado “el juego de la inteligencia”, que me había enseñado el Dr. Andrés Barría en La Chorrera, nunca supe por qué razón me puso a jugar con los mejores chicos del barrio, allá en el siempre bien recordado Barrio Matuna. Algunos me vencieron, a otros vencí. Se piensa tanto, se analiza demasiado, antes de mover una pieza meditaba muy bien la jugada. Analizaba las consecuencias de dicho movimiento, ya fuera un alfil, el caballo, la dama, el peón o la torre. La alegría de vencer al contrario, luego de largas jornadas en el juego, a veces horas enteras, nos producía un entusiasmo singular. Fue allí donde descubrimos que la inteligencia es un tesoro invaluable, más valiosos que las muchas joyas preciosas.
Así mismo, con mucha, mediana o poca capacidad, vemos que nuestros jugadores –autoridades políticas, líderes o voceros de la oposición, generadores de opinión social, voceros autorizados de los empresarios, política, en temas varios, etc., van moviendo sus fichas y articulan un discurso que, en no pocos casos, cambia constantemente. Las veleidades políticas terminan gobernando la inteligencia y los intereses personales o de partidos, caracteriza ese ajedrez político en Panamá.
Veamos, para mejor comprensión de lo que señalo, el siguiente escenario: Entramos al mes de marzo del año 2018, y la Corte Suprema de Justicia aún no tiene, debiendo tenerlos, a los dos nuevos magistrados que el Ejecutivo ha debido nombrar, como fecha tope, para el 31 de enero del presente año. Antes de que culminara diciembre ese Ejecutivo hizo las dos designaciones. La opinión pública –líderes de opinión-, empresarios tímidos, gremios diversos, sociedad civil, etc., dijeron un rotundo no a las mismas. Una bandera, fundamental, que se enarboló fue precisamente que no se había tomado en cuenta el Pacto de Estado por la Justicia. Por su parte, líderes de opinión señalaron la falta de capacidad, objetividad e imparcialidad de las designadas por el presidente Varela y fueron tachadas o impugnadas de ser marionetas del poder político en turno. Alguien en la Comisión de Credenciales –comisión objeto de muchas diatribas y peleas internas en el hemiciclo panameño- cuestionó, académicamente a una de las damas propuestas, evidenciando algún tipo, sino de ignorancia, al menos de no acordarse en el momento de las respuestas ante las preguntas formuladas. Esto causó un revuelo mayor, se habló luego de inoperancia, incapacidad, mediocridad, etc. No obstante, los diputados, que de tontos no tienen nada, sabiendo que el voto es lo que cuenta, que las mayorías son las que ponen y quitan autoridades –“salus populis suprema lex est” –la salvación del pueblo es ley suprema-, hicieron una jugada o movida singular: en el Pleno la mayoría de los diputados –léase CD y PRD- dijeron no. El rechazo fue manifiesto, y la reacción no se hizo esperar.
Sin duda alguna que el gobernante Varela había recibido un certero golpe. Golpe que no tan solo se asestó al poder político como tal, sino al orgullo personal, a la personalidad misma del mandatario, a sus ministros y restante equipo de trabajo. ¿ Una mayoría de diputados rebelados contra el poder del mandatario? ¿ Un Ejecutivo con poderes excesivos había sido lastimado?. Quiérase o no, eso era lo que había sucedido. La estocada había sido severa, grave. Algunos llegaron a decir que se había dado una especie de “golpe de Estado”. Tal cosa no era tal. Los golpes de Gobierno son o no son, pero no se quedan en el “casi”. Ahora había que esperar la movida o jugada espectacular del Ejecutivo.
Y efectivamente, a los pocos días, salta el contralor general de la República con la noticia de que producto de las auditorías y cientos de expedientes foliados eran acreditativos del manejo irregular de partidas millonarias dadas a muchos diputados a través de alcaldías, juntas comunales, etc. La siguiente se dio a nivel del Ministerio Público: Solicitar reapertura del caso ante el juzgado y pedir declaratoria de investigación compleja. Los diputados, obviamente, se incomodaron y asustaron. No era para menos. Pensaron inmediatamente en los procesos penales y las amenazas vedadas. De este modo, el Ejecutivo cree haber recobrado para sí nuevamente a una Asamblea con la cual pueda contar.
Ahora se habla de que la oposición está dispuesta a aceptar un candidato propuesto por ellos para la Corte, y el oficialismo no niega renunciar a uno. Mientras, el pueblo en andas y en tandas. ¿En qué quedará todo este mal juego de ajedrez? Amanecerá y veremos, pero no veo salidas positivas, menos, democráticas e institucionales. “Cogito, ergo sum”: ¡Pienso, por tanto existo!
Abogado