Ética para una sana convivencia

Por: Redacción 01/04/2018

Aun cayendo en una verdad de Perogrullo, hay que admitir que conducir en Panamá es frustrante. Por un lado, las calles atestadas; por otro lado, el constante irrespeto a las reglas del tránsito… esas reglas existentes para cuidarnos de accidentes, de consecuencias que lamentar. Así mismo con la vida en sociedad y sus "reglas": la ética social y personal.

Las sociedades, cual entes vivos que perduran a los individuos que le conformamos, reúnen una experiencia colectiva vertida en normas y de reglas "sociales" que - a semejanza de las reglas del tránsito - se concibieron y adoptaron precisamente para evitar los atropellos y los accidentes; para permitirnos a todos un "vivir y dejar vivir" en un espacio compartido.

Sin embargo, somos muchos los que a veces nos saltamos las "normas sociales" y las culpamos de ser un "atropello" a nuestra libertad para elegir cómo queremos vivir la vida, cuando no de ser una "cosa de viejos".

Tomando el ejemplo del tráfico, cuando un conductor decide no hacer su fila y conduce en contravía aprovechando que el paño contrario está vacío, se aprovecha de que el resto de los conductores sí cumple y es respetuoso de las reglas del tránsito. ¿Qué ocurriría si todos decidiésemos olvidarnos de las reglas para hacer lo que se nos dé la gana? En poco tiempo nadie avanzaría, y lo que con orden pudiese tomar un tiempo relativamente corto se convertiría en un suplicio de horas.

Justamente, en una ocasión un amigo dirigía en hora pico y, como iba contra el flujo, su paño estaba despejado mientras el paño contrario estaba repleto y detenido esperando su luz roja. Al girar la primera esquina casi se estrella contra un taxi que venía en contravía. Al protestarle, el taxista le espetó: "¡el más honesto, pues!"

¿Qué sucedería si todos los panameños decidiésemos irrespetar las normas, los valores que rigen la convivencia y las profesiones? La vida pública y compartida en Panamá sería insostenible.

Las normas y valores sociales suelen ser el resultado de una reflexión y deliberación realizada en un plazo de tiempo suficientemente extenso como para darse cuenta de la relación de causa y efecto entre cierto tipo de conductas y sus consecuencias; para darse cuenta de qué cosas no funcionan a lo largo de décadas y siglos ante amenazas y peligros que uno, en su cortoplacismo, y por su juventud, no está necesariamente en condiciones de apreciar.

En este momento en que muchos valores y pautas tradicionales están siendo puestos en entredicho, y que sufrimos de las consecuencias de una falta de ética personal en los ciudadanos, es oportuno reflexionar sobre el origen de las normas sociales y de los códigos éticos; cuál es el bien que con estos se trata de cuidar, de preservar. Después de todo, si podemos estar en nuestros hogares en media hora, con el simple respeto a las normas del tránsito, ¿quién sería el loco que preferiría estar en un tranque de 5 horas antes de llegar a su casa?