Tendencias en turismo

Por: Redacción 07/04/2018

Mientras en 2017 el turismo a nivel mundial prosperó un brioso 7% con la inimaginable cifra de 1,322 millones de visitantes, a falta de creatividad y acción, a pesar de los quiméricos resultados oficiales, el afán istmeño sin rebozo perseveró a la deriva. Examinemos con lupa las tendencias de los viajeros. A estas alturas del siglo, ya exaltadas las visitas al mundo maravilloso de Disney y a playas recónditas del planeta, los turistas están sedientos por experiencias auténticas, algo en el destino que cambie el rumbo de su vida y pensamiento. Retornando las páginas de la historia, hace 50 años el grupo de rock inglés The Beatles escapó de la vista de sus millones de incondicionales admiradores. Los Fabulosos Cuatro viajaron a Rishikesh, una localidad en el norte de India, donde cobraron una inmersión en meditación trascendental bajo la tutela del Maharishi Mahesh Yogi, transformando así las actitudes occidentales sobre la espiritualidad indostana y la meditación trascendental. Los estudiosos del grupo más popular en la historia de la música notaron posteriormente un prodigioso cambio en la producción y calidad de sus canciones. El concepto de turismo transformador, tal cual alternó el rumbo de cuatro melenudos que hace medio siglo nos impactaron de forma permanente con las notas de su canción "Let It Be", a tal punto que se ha convertido en uno de los más solemnes himnos funerales, se ubica nuevamente en el altar del turismo moderno.

El turismo transformador se identifica bajo tres elementos esenciales: conexión, personalización y autenticidad. Panamá goza de un sinnúmero de vivencias que permiten una profunda inmersión en este criterio. Veamos un sencillo ejemplo. ¿Qué significa Panamá? Abundancia de peces. La primera mañana de su visita, bien tempranito, suelo trasponer a los visitantes al Mercado de Mariscos, donde, posterior a un muy estructurado recorrido a través de los puestos de venta donde olfatean y perciben los diversos frutos de mar, fotografiando la experiencia a diestra y siniestra, mientras angustiosos chefs enganchan las mejores piezas para las mesas de sus suntuosos restaurantes, nos arrimamos a la esquina de Melba, la chombita bilingüe con el diente de oro, la sonrisa más preciosa de Panamá y el mejor ceviche del mundo, quien de antemano ha realizado un conteo de los visitantes y nos tiene preparados los vasitos con cucharas de plástico que contienen el elixir de los dioses, los trocitos de corvina fresca, jugo de limón, culantro, cebolla y apio.

Al entregárselos, con símil rito del cura en la iglesia al recibir el vino y el agua, con estupefactos atisbos de sorpresa, resultado de la presión grupal ¡porque de ello trata! no les queda más que saborear el menjurje de la sonriente Melba. ¡Cáspita! Sus ojos mariposean al degustar por vez primera el dulce manjar de los dioses. Me arrebata la vivencia porque hace aflorar mi yo niño, como si hubiese consumado una genial travesura. De hecho, sin querer queriendo, he obsequiado a mis visitantes una vivencia que de seguro tararearan a terceros, ya de retorno en su tierra, que refleja los tres elementos del turismo transformador que anhelaban.

Tenue ejemplo de lo que podemos lograr estructurando, como muestra, excursiones de senderismo al cerro Pechito Parao en Darién, donde Balboa avistó hace cinco siglos el majestuoso Mar del Sur. ¿Cuántos chinitos, ahora que arribarán en racimos, no desembolsarían un simpático chenchén por sumarse a la experiencia del Adelantado y divisar la espléndida majestuosidad del golfo de San Miguel que eventualmente sumó a la tierra del Kublai Khan al comercio mundial? Sumando a ello las azuladas mariposas, el oxigenado olor a tierra fresca posterior a un crepuscular bajareque bajo la cubierta de la sinfonía de aves e insectos que atiborran la selva istmeña, para narrar nuestra vivencia allá en medio de ciudadelas convertidas en cárceles de concreto del siglo XXI, carentes de aire fresco y espacio. Teniéndole todo ¡tan solo hace falta transmitirle!

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