La crónica roja y el morbo panameño
En una sociedad llena de morbosidad, corrupción y deplorablemente deshumanizada, donde la clase política, los dirigentes gremiales y las autoridades electas o no electas por el pueblo, se pasan la vida debatiendo ideas sin sentido, con el único objetivo de sacar el mayor provecho para satisfacer sus intereses personales o destruir la imagen de sus adversarios; es fácil encontrar personas que durante su quehacer diario pasan gran parte de su tiempo escudriñando noticias en los medios de comunicación y en las redes sociales, con el solo propósito de localizar contenidos noticiosos llenos de sangre, dolor y luto. Para estas personas, las dificultades y penurias de los demás y los bochinches del pueblo, son más importantes que sus propios problemas.
Con franqueza, quisiera pensar que en mi país no existen ciudadanos contaminados y enfermos por el consumismo de la crónica roja, los bochinches comunitarios y la morbosidad impúdica. Pero, lamentablemente, no es así. La realidad es otra. La mayoría de los panameños de diversas edades, clases sociales y condiciones económicas desiguales, consumen basura informativa y barullos sociales. No en vano, los periódicos de mayor circulación en Panamá, son tabloides que en sus publicaciones dan prioridad a ese tipo de información. Pero, ¿Qué podemos hacer frente a esta realidad? ¿Quién es responsable de esta degeneración social?
En primer lugar, debo señalar a los propios medios de comunicación en general, que durante décadas han suplido a los consumidores con noticias o contenidos de: accidentes de tránsito, adulterio, trifulcas de barrio, bochinches comunitarios y políticos, erotismo, ejecuciones, suicidios, homicidios, entre otros casos y cosas que inexplicablemente entretienen a gran parte de la población. En segundo lugar, puedo acreditar parte de la responsabilidad a los diputados postrados en el Palacio Legislativo, que solo buscan notoriedad y populismo argumentando doctrinas que para nada benefician a la sociedad y no promulgan leyes que promuevan el respeto a la dignidad humana. En tercer lugar, tenemos que aceptar que, los garantes de vivir en una sociedad pulcra, con valores cívicos y morales, somos nosotros mismos, los ciudadanos comunes que decidimos cómo queremos comportarnos y educar a nuestros hijos. Tenemos que ser responsables de nuestros actos. Entonces, el adeudo es compartido. No podemos culpar y cuestionar a los periodistas que cubren crónica roja para un medio de comunicación, por la línea editorial o el estilo del medio. Es injusto amedrentar o atacar a un periodista que desarrolla su trabajo en un hecho noticioso donde existen víctimas mortales.
Los diarios de crónica roja circulan en muchos países del mundo y probablemente con publicaciones de fotografías mucho más sangrientas que las que circulan en Panamá. Es también muy cierto que, el dolor sentimental de una persona que ha perdido su familiar o un amigo en accidentes de tránsito o en actos delictivos, entre otros escenarios, debe ser respetado y valorado; incluso por los medios de comunicación social, de tal manera que no se conmueva la dignidad de los afectados. Sin embargo, dichos acontecimientos se convierten en hechos noticiosos, que deben ser cubiertos periodísticamente por el medio de comunicación y cumplir con la responsabilidad de divulgarlo a la comunidad, quien es la que demanda estar informada. Es por ello, que quizás el conflicto de opiniones entre los medios de comunicación y los ciudadanos que no aprueban la forma y el contenido de las publicaciones de crónica roja, es moral y no profesional.
Por otro lado, cuando ocurren este tipo de hechos noticiosos, podemos observar al ciudadano común que, sin ningún tipo de regla o principio ético, filma y toma fotografías con su celular, capturando imágenes posiblemente más depravadas y crudas que las que registran los periodistas y sin contemplación la suben a las redes sociales, como si fuera un circo. ¿No es esta acción más deplorable que el trabajo profesional del periodista de crónica roja? Estoy seguro que ningún periodista asignado a cubrir crónica roja por un medio de comunicación social televisivo, radial o escrito, disfruta fotografiar o filmar cuerpos destrozados y sangrientos. Espero que algún día podamos recobrar de alguna manera la conciencia humana, sentir el pesar o el dolor ajeno y cambiar nuestros hábitos de consumo en lo que a noticias se refiere.
Periodista