Atendiendo al nómada digital
Anotaba Albert Einstein que la creatividad es la inteligencia divirtiéndose. ¡Y qué forma de hacerlo en un lapso de alicaído turismo! En mis recientes entregas he fraguado el tema de la reinvención de nuestra hotelería tradicional para atraer un mayor número de visitantes al istmo, siendo fascinante anotar que en ciertas modalidades lo estamos haciendo, y muy bien. A inicio de la década de los noventa abandoné las oficinas corporativas de IBM en Nueva York para iniciar un capítulo de trotamundos en la industria de telecomunicaciones que me obligó, durante trece años, a viajar tres semanas de cada mes erigiendo la columna vertebral del sistema celular continental. Los viajes me trasladaban a sitios recónditos y disímiles como el desierto de Atacama, poblados desconocidos en la cordillera andina, las cálidas oficinas de BellSouth International en Atlanta, los reservados despachos de Cable & Wireless en Red Lion Square de Londres y cada fascinante atolón del Caribe, en un cincelar de interminables torres celulares que innovarían por siempre nuestra forma de ser. Sin querer queriendo, ya estaba en aquella época laborando en un mundo cada día más pequeño e irrumpiendo los esquemas de las oficinas tradicionales por una "laptop", calentando asientos a través de las millas en interminable trotar a bordo de aeronaves, prediciendo lo que sería el ambiente laboral del futuro.
Nace así Selina, una red panameña de hospedaje fundada por la visión de Daniel Rudasevski y Rafael Museri en Playa Venao, península de Azuero. Estos infatigables viajeros israelitas nos presentan un proyecto que apunta a la creación de un ecosistema que ciñe a una palpitante comunidad para quienes los conceptos de trabajo, aventura y una vida saludable han iniciado su fragüe. Ya sea en búsqueda de una aventura allende o una estación de trabajo remota, Selina ofrece alojamiento que va desde camarotes hasta suites de lujo con un precio que acomoda todos los bolsillos, convirtiendo el diario caos del traslado a oficinas tradicionales en ciudades que se han convertido en cárceles de concreto en algo del pasado para muchos ejecutivos globales del siglo XXI.
Ya no es necesario fantasear la epopeya a través del globo terráqueo, surfeando las olas de recónditas playas, conociendo nuevas personas mientras se trabaja remotamente con disponibilidad de excepcional wifi, en una comunidad de símiles nómadas digitales a un precio asequible. Este sí es un verdadero cambio que bien pudiese revolucionar nuestro turismo.
Iniciando con 22 plazas en Panamá, Costa Rica, Guatemala, Nicaragua, Colombia, México y Ecuador, la cadena Selina se expandirá a Perú, Estados Unidos y Europa a finales de año. Fondos frescos que suman casi $100 millones de dólares incluyen una importante inversión por parte de la gigantesca empresa WeWork, la red global de espacios de trabajo donde las personas y las compañías crecen juntos. Otros 200 destinos abrirán sus puertas durante los próximos 5 años. ¡Y todo esto bajo nuestras propias narices!
Cuando el empeño y la creatividad se fusionan en nuestro paraíso tropical, abre los ojos a soñar con la posibilidad de lo que se puede lograr aquí mismo al abrir nuestras fronteras a mentes positivas con visión de futuro, en vez de perpetuar el letargo de políticos desfasados, corrupción por doquier y las ya no fingidas luchas de clases urdiendo estériles huelgas, colaborando al descomunal tranque.
Líder empresarial.