Compromiso del futuro presidente de la República
A manera de introducción:
Un día como hoy, lunes 7 de mayo, hace 67 años (1951-2018), a petición del entonces presidente de la República, doctor Arnulfo Arias, el Gabinete aprobó un decreto ejecutivo que, de un solo plumazo, abolía la Constitución vigente de 1946 y adoptaba la de 1941. Cerraba la Asamblea Nacional y declaraba en interinidad a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Además, suspendía el recurso de "habeas corpus" y daba al Poder Ejecutivo potestad para gobernar por medio de decretos de gabinete. El único miembro del Gabinete que se negó a firmar fue el ministro de Agricultura, don Ricardo Manuel Arias Espinosa, quien prefirió renunciar a su puesto. Se pudiera decir, pues, que la semana comprendida entre los días 7, 8, 9, 10 y 11 de mayo de 1951 es considerada como "la semana más insólita de la historia republicana".
En un artículo publicado hace varios años, señalaba: "el arnulfismo o panameñismo nació por generación espontánea, al abrigo de la audacia, del talento ejecutivo, de la fuerza pasional y el sentimiento que desató en Panamá, desde los años 30 del siglo pasado, un hombre llamado Arnulfo Arias". Su filosofía de "creer y no pensar, obrar y no reflexionar, obedecer y no discutir", algo así como una síntesis del evangelio fascista, que venía siendo predicado en el seno de la sociedad occidental ya desde 1890 adelante, alzándose su diapasón en los primeros años del siglo XX. Arnulfo Arias ocupó la Presidencia de la República en tres ocasiones, empero, igualmente, fue tres veces derrocado: (1940-1941; 1949-1951 y los 11 primeros días de octubre de 1968). Durante su primera administración de gobierno (1941), creó la Caja de Seguro Social, su obra cumbre histórica; ¡por demás, fue un líder popular, pero un pésimo gobernante!
No obstante, hablemos del próximo presidente constitucional de Panamá (2019-2024) y de quienes pudieran ocupar dignamente en el futuro, el Palacio de las Garzas. A nuestro juicio, estos debieran asumir el patriótico compromiso de reflejar no solo una política de gobierno coherente, sino también un temperamento, un ritmo de pensamiento y acción y una sensibilidad para ver y entender. Ello obedecería, esencialmente, a la probidad, el carácter, el coraje y la propia personalidad de los futuros presidentes, quienes, por su capacidad, honestidad y dinamismo, debieran o pudieran estar especialmente dotados para la acción creadora.
Es importante, urgente, trazarle a Panamá un nuevo estilo de gobierno porque nuestro país ha venido convirtiendo el tiempo útil en siesta, en mendicidad, en paseos y en inercia, debido especialmente, al nepotismo, la incapacidad y la corrupción imperante en el actual "Desgobierno Varela-Saint Malo" (2014-2018).
No es un secreto que el Estado panameño (particularmente en este desgobierno), entre sus muchos defectos, padece una enfermedad endémica: la pereza o la modorra. Los empleados públicos se han formado en la peor escuela de la malacrianza y del maltrato a los ciudadanos.
El ciudadano panameño que resulte elegido presidente constitucional de la República, en mayo de 2019, tendría como tarea inicial, necesariamente, ordenar una limpieza integral del Palacio de las Garzas, depurándolo debidamente, para devolverle el prestigio, la dignidad y el señorío que otrora mereció en el ejemplo edificante de ciudadanos probos, políticos certeros, estadistas diligentes y progresistas que, en su momento, supieron honrar la Presidencia de la República.