Magistrado de la Corte, II parte

Por: Redacción 08/05/2018

Habiendo una lista tan grande de aspirantes para los dos cargos disponibles de magistrados de la Corte Suprema de Justicia de Panamá, todos con capacidades y experiencias académicas, profesionales y laborales (especialmente los que son jueces), esto no es suficiente para saber si son justos o si están claros de lo que significa la justicia, lo cual digo, no para poner en duda su integridad (mal lo haría porque soy uno de ellos y, aunque no lo fuera, igual no los estoy cuestionando en el plano moral), sino más bien para ponernos en contraste con el paradigma que, por años, controla o que se considera que es lo correcto, que es el pensamiento de "la justicia de las reglas" ("solo se puede actuar y decidir con base en lo que disponen las normas escritas"), lo cual deviene de nuestra herencia jurídica del sistema europeo continental (romano germánico francés), frente al paradigma de que, aunque humano, es el que se acerca más a la búsqueda de "lo justo", que es el que se conoce como "la justicia de los principios" (evoco a Ronald Myles Dworkin, en concordancia con los grandes pensadores de la Filosofía del Derecho), la cual está o trata de estar en plena sintonía con los derechos fundamentales de las personas.

En verdad, tratar de encontrar a las personas "justas" o "más justas" no es tan fácil, máxime que las circunstancias o el sistema no permiten que cada aspirante pueda demostrarlo antes de ejercer los cargos (de magistrados) porque es algo que está en el ámbito de lo sublime. No hay universidad ni cursos, por más académicos y técnicos que sean, que otorguen este estatus, reitero, de "justos".

En definitiva, más allá de esta discusión o reflexión técnica, académica o metodológica sobre la escogencia de los magistrados que, reitero, es importante, valiosa y necesaria, cabe pensar en la relevancia de que el perfil de dichos aspirantes consista en que, una vez posesionados, aquellos que lo logren, claro está, no solo sean honestos, independientes e imparciales, sino que sean proactivos y creativos en el ejercicio de sus funciones y que sean más cercanos al soberano (el pueblo), de manera tal que todos tengamos siempre la certeza de que la labor de dichos magistrados sea señalada y vista con las mejores evaluaciones (rectitud, celeridad y gestores de cambios).

Los mejores requisitos que pueden y deben adornar a los servidores públicos, especialmente de la administración de justicia, como, junto a un grupo de compañeros, soñadores e idealistas como yo, reflexionamos en nuestra época de estudiantes en la Facultad de Derecho, son los valores morales. Por cierto, "lo malo es malo aunque todos lo hagan" y "lo bueno es bueno". Aspirante a magistrado de la Corte Suprema de Justicia.