Indicando el recto sendero

Por: Redacción 13/05/2018

En la sociedad vivimos aceptando asentimientos y dificultades, y así se constata obedeciendo a la confiada exposición sucinta de que aquí hay muchas bocas que hablan y pocas cabezas que piensan, quiero decir con el afinado y fascinante concepto que tenemos el derecho de vigilar los grupos sencillos, afirmando que cualquier inspirado lisonjero cree poder revolucionar los elementos elegantes creativos, particularidades singulares de los iluminados que guardan el dominio directivo de sus rangos idealistas, licencia para abrir en la brillante libertad los predios ocultos de la ecuanimidad, rumbo a la cumbre cultural, senda crítica de la endiosada posteridad.

Cuando logramos quietud con mutismo, estamos en absoluta concentración mental, sean sobre las nimias ideas o sobre las oportunas sensaciones magistrales. ¿Pero qué sucede? Aquí vociferamos demasiado para llegar a las alegres conclusiones triviales, y es válido decir: cada 5 años el pueblo panameño falla el tiro, donde los valores significativos, que alientan las esperanzas, abatidos, han permanecido aturdidos por los imperantes golpes despiadados, propinados por las acuciantes ilusiones falsas, admitidas por tendencias que vinculan la sensibilidad con la voluntad.

Siento que los conjuntos humanos practican la desorientación, pues para ellos es un lujo perder los signos de la debida corrección y así de ninguna manera podremos llegar al simbolismo de la verdadera admiración ordenada.

Debemos emplear los principios que tornan al ser digno. Y esto les ocurre a las livianas comunidades que concurren a votar sin conocer los razonables atributos del hombre o mujer postulados. Esto es como quien juega al escondite con los ojos vendados. El votar debe ser escudado del ponderoso privilegio aplicado por el probo discernimiento, donde debemos llevar a la práctica el minucioso examen de conciencia que nos evitaría ser presa fácil de demagógicas aplicaciones propias de sensaciones enfermizas.

En el pasado, los funcionarios eran modelos egresados de la firme educación, donde hábitos y habilidades equilibrados lucían con total esplendor, acompañados del reino evidente de la inquebrantable confianza en prosperidad plena, que despuntan por los cuatro puntos cardinales de la República, mostrando la ilustre prosapia de la hermandad confidente.

Hoy me adentro a examinar, en dosis pequeñas, nuestra política, situación un tanto desagradable para mí, pues existen otros puntos que son sensitivos, como la institucionalidad que debemos tratar con cuidadoso respeto, tendiente a afianzar con aprecio ardiente los raigambres fidedignos de la estricta nacionalidad, donde los apremios que afronta el pueblo son de incidencias primarias.