¿Se nos viene el caos encima?
No hay duda alguna de que desde el Ejecutivo se programan las estrategias contenidas de ataques, de toda clase, cosa que podemos ver a diario en las noticias, a fin de decapitar y debilitar, más de lo que está, a la Asamblea Nacional de Diputados. Se busca, a como dé lugar, la rendición o sumisión de sus otroras aliados políticos. Triste y penoso para el Ejecutivo haber perdido su tradicional y sumiso aliado: la Asamblea. Órgano productor de las leyes del país, pero también al fin poderoso para ratificar no pocas importantísimas designaciones en puestos clave del Gobierno y de la Administración Pública, lo mismo que de la justicia. Casi nada escapa al filtro de la Asamblea cuando de estos nombramientos se trata. Aunque el sistema de designaciones desde el Palacio de las Garzas no nos agrade, lo cierto de todo es que al menos la Comisión de Credenciales se ha convertido en un poderoso escollo para superar por no pocos designados connotados por la mediocridad, la incapacidad, la inexperiencia, y cuyo grandioso mérito es ser allegados al poder político de turno o cercanos a quienes beben y extirpan las mieses del poder.
El acontecimiento más reciente: Los diputados se resisten e impiden la entrada de auditores de la Contraloría. Reza el refrán que no hay peor ciego que aquel que no quiera ver. Pues habrá de resultar que no es difícil advertir la existencia de un programa orquestado, por los aliados del poder y las fracciones oligarcas al cual sirve ese poder para defenestrar la Asamblea. La oposición sabe que no las tiene fácil dado los recursos con que cuenta el Ejecutivo para torcerles el brazo y, sobre todo, operando en contra de los diputados, ese desgaste de lustros que le ha generado poca o nula credibilidad social. Pero por otra parte, la Asamblea sabe que sentar en el banquillo de los acusados a la cabeza del Ejecutivo daría lugar a un letrero de "Asamblea Cerrada" y nada pasaría o podría esperarse de las reacciones sociales que no brindan apoyo alguno a los diputados. De nuestra parte, téngase por seguro, repelemos y rechazamos las salidas bruscas o violentas. Creemos que la crisis en la superestructura político-jurídica ya comienza hacerse mella y sentirse, no tan solo en la economía, sino en otras esferas que dan cuenta de un terrible debilitamiento del Estado y el manejo de la cosa pública. Un evento, como salida violenta a la crisis actual, sería antidemocrático, deplorable e inconveniente. Pero, de seguro, encontrará a los apologistas y demagogos justificando una salida de esa magnitud.
No hay que caer en la ingenuidad. La situación puede dar parto a situaciones e imposiciones desde el poder. Conjeturar no es un buen oficio, pero en política, a partir de los fenómenos que estamos observando, es un comienzo para acercarnos a lo que podría ocurrir. En la ciencia política se ha aceptado que la prognosis es una herramienta de investigación. La oposición hizo el intento de frenar los embates del poder. Corrió a construir una retaguardia y todo parece que las reuniones con empresarios, trabajadores y grupos de la sociedad civil no dieron los resultados que esperaban.
Ocurrió lo que era previsible, se armaron de un discurso institucional, perdiendo de vista que la Asamblea también es parte del problema que acredita un grave deterioro y dicho órgano del Estado se encuentra huérfano de toda credibilidad y consenso social. La situación es tan grave como la que también padece el Órgano Ejecutivo. ¿A dónde queremos arribar? Sencillo. Deben evitarse, aconsejamos, salidas irregulares o de hecho que darían al traste con este hermoso país y cuya gente, nuestro pueblo, no lo merecería jamás. Hay que evitar poner en marcha la violencia y el poder del ejercicio legal de la fuerza para despropósitos que agravarían la crisis. Hay un plan y una estrategia, y el Gobierno la impulsa.
Un componente de esa estrategia es mantenernos entretenidos con espectáculos mediáticos y parece, todo lo indica, que le viene funcionando.
En el mundo de la investigación penal vienen ocurriendo situaciones sospechosas de blindaje a presuntos atracadores de los recursos del pueblo, pero el pueblo no termina de creerlo. Algo ha fallado, pues se sigue percibiendo la selectividad en dicha justicia penal. Ahora con una Contraloría que actúa como brazo de presión e intimidación, no nos sorprenderá que, en lo inmediato, observemos a otros entes represivos –incluso a través de impuestos-, haciendo el trabajo deshonesto y de persecución contra la ciudadanía y en contra de las voces críticas al sistema.
Abogados.