Dos canillitas listos e inteligentes

Por: Redacción 03/06/2018

No es mi intención presentar a estos personajes con las características físicas que tienen pero, para ser honesta, así los vi, mientras dormía, parados frente a mí con unos periódicos en las manos. Ahora les comparto qué hacían estos muchachos.
A uno le faltaba la pierna izquierda y al otro el brazo izquierdo, tendrían alrededor de siete y ocho años, pero eran de lo más simpáticos y alegres a pesar de su impedimento físico.
Vivían con una abuela igual de simpática y alegre que ellos, no tenían padres, no es relevante saber por qué no. El más pequeño se había ingeniado para fabricarse a su manera su “prótesis” con un pedazo de leño que encontró entre los palos que tenía la abuela para prender el fogón, con la ayuda de su hermano lo ajustó al tamaño de su otra pierna le clavó unas tiras de caucho que sacó de un tubo viejo y se lo amarraba por los chicotes del pantalón, se colocaba una toallita entre su mochito y el leño, ya que un día se dijó: “estoy cansado de andar dando brincos, mañana me hago una pata de palo, ¡sí señor!, seguiré cojo, pero menos, y podré usar mi pantalón largo que se la pasa colga'o lleno de polvo”  Así era la idiosincrasia de estos niños que vivían descomplicados en su mundo, sin el estrés que causa el mundo de la tecnología con el WiFi, la data,  el internet,  el cargador dañado,  el internet que se va, el alto costo de un celular o iPhone; ese mundo tecnológico que usted y yo conocemos y tiene a más de cuatro enfermos con una úlcera.
Cerca del jacalito o ranchito donde vivían, vivía un señor que tenía años de vender periódicos en el pueblo en una esquina que nadie osaba ocupar, un día los chicos le preguntaron,  que, qué hacía con los que le quedaban si no los vendía todos?  Les contestó que los echaba al fogón, los niños asombrados con los ojos pelados dijeron : ¿ Al fogón?   El aludido encogiéndose de hombros contestó : “sí, ¿por qué?” el mayor le dijo: “y no podría regalárnoslo?  Verá, es que nosotros dormimos en el piso y a veces no tenemos qué ponerle,  ya que los cartones que conseguimos son para que duerma la abuela.”
El hombre indiferente hasta ese momento miró con atención a los chicos y les dijo: “está bien, pero con una condición,  que me ayuden a vender los periódicos y yo les pagaré alguito, ¿aceptan?” Los muchachos se miraron y sus lindos ojos negros brillaban como luceros de media noche y entusiasmados dijeron al unísono : “claro que aceptamos”
Le comunicaron a la abuela la gran noticia, ella aceptó porque madrugarían a hacerlo antes de ir a la escuelita. Desde el día siguiente se veía a dos canillitas uno cojo y otro mocho fajándose muy tempranito para llevar unos chavitos a su humilde hogar. Un día sentados bajo el palo de mango tomaron esta decisión: “Oye, hermanito, qué te parece si todos los días guardamos unos reales para comprarle un catrecito a la viejita para que la pobrecita no duerma más en el piso?  Nosotros podemos seguir durmiendo así pero los huesitos de ella ya no aguantan más” .
Amigos, en esta historia no hay milagros como que le pusieron la pierna a uno y el brazo al otro, nada de eso, el único milagro que vemos es la sensibilidad y sabiduría de estos dos niños que a pesar de su impedimento físico, demuestran que el tener muchos bienes no es sinónimo de felicidad sino la actitud positiva con que enfrentamos nuestra situación diaria de la vida.

Escritora.