Bosquejo sobre socialismo y democracia

Por: Redacción 04/06/2018

Disponemos de un punto de partida desde el cual proceder a nuestro análisis. Pero aún no tenemos a la vista una definición clara que nos pueda auxiliar en nuestro intento de analizar las relaciones entre la democracia y el socialismo. Unas cuantas dificultades preliminares obstruyen todavía la perspectiva. Tal vez no nos ayudaría mucho buscar en Aristóteles, quien usaba esta expresión para designar una de las desviaciones de su ideal de una comunidad bien ordenada. Pero puede arrojar alguna luz sobre nuestras dificultades, recordando el significado que hemos atribuido a la expresión "método político". Método político es el método que utiliza una nación para llegar a las decisiones. Deberíamos poder caracterizar tal método indicando por quién y cómo se toman estas decisiones. Si equiparamos "tomar decisiones" a "gobernar", podemos definir entonces la democracia como "el gobierno del pueblo". ¿Por qué no es esto suficientemente preciso?

No es porque abarca tantos significados como combinaciones hay entre todas las posibles definiciones del concepto "pueblo" ("demus", el "populus" romano) y todas las definiciones posibles del concepto "gobernar", y porque estas definiciones no son independientes de nuestra teoría de la democracia. Respecto del primer concepto, el "populus", en el sentido constitucional, puede excluir por completo a los esclavos y parcialmente a otros hombres; la ley puede reconocer un número indefinido de estatus entre la esclavitud y la ciudadanía plena o incluso privilegiada. Empero, independientemente de la discriminación legal, se ha considerado como el "pueblo" a distintos grupos en las distintas épocas.

Por supuesto, podemos decir que una sociedad democrática es una sociedad que no hace tales diferencias, al menos en las cuestiones relativas a los negocios públicos, como por ejemplo, la del derecho al voto. Pero, en primer lugar, han habido naciones que han practicado discriminaciones de esta especie y, no obstante, mostraban la mayoría de las características que se asignan usualmente a la democracia. En segundo lugar, nunca puede faltar por completo la discriminación. Por ejemplo, en ningún país, por democrático que sea, se extiende el derecho al voto a los individuos que no hayan llegado a una edad específica. Si no se permite votar a las personas que están por debajo del límite de edad, no podemos llamar no democrática a una nación que excluye también, por las mismas razones, a otras personas.

La filosofía de la democracia del siglo XVIII puede ser comprendida en la siguiente definición: el método democrático es aquel sistema institucional de gestación de las decisiones políticas que realiza el bien común, dejando al pueblo decidir por sí mismo las cuestiones en litigio mediante la elección de los individuos que han de congregarse para llevar a cabo su voluntad.

Se sostiene, pues, que existe un bien común, faro orientador de la política, que siempre es fácil de definir y que puede hacerse percibir a toda persona normal por medio de la argumentación racional. No hay, por tanto, excusa para no verlo si hay, en realidad, ninguna explicación para la existencia de gente que no lo vea, a no ser por ignorancia –que puede ser eliminada–, estupidez o interés antisocial. Además, este bien común implica respuestas definidas a todas las cuestiones, de forma que todo hecho social y toda medida adoptada o por adoptar puede clasificarse inmediatamente como "bueno" (o buena) o "malo" (o "mala").

Pedagogo, escritor, diplomático.