La rutina de la virtud

Por: Redacción 02/06/2018

El Diccionario de la Real Academia Española define calidad como propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor. Escudriñando el tema, suma: Adecuación de un producto o servicio a las características específicas. Añadiría la versión práctica, más allá del tomo: calidad es hacer las cosas bien la primera vez. La pasión por la excelencia quiebra los esquemas típicos de la pachorra tropical y hacen resaltar, brillar, centellear aquello que está fuera de lo común en un ambiente soso, pueril, vacío. Es un Mercedes Benz, es IBM o los puños de "Manos de Piedra" Durán, lo que tanto nos hace falta para definir, para moldear, para sublimar nuestro destino, lo que somos, Panamá. Es por ello que cuando anidamos un esfuerzo por subrayar, por bendecir, por rendirle tributo a lo nuestro, hacemos un fulgurante paréntesis para examinarle, calcarle y hacer el esfuerzo por extrapolarle a la totalidad del ambiente para que, en vez de sumergirle en la cloaca de lo común, de envidiarle y chismearle, le resaltemos como un ejemplo, como aquella airosa corbata que define el buen vestir, los detalles que hacen la diferencia entre ser y estar.

A punto de cumplir sus dos añitos, The Panamá Store, nuestra tienda país en la zona libre del Aeropuerto Internacional de Tocumen, es un refrescante contraste a los establecimientos que ofrecen llaveritos Made in China, bagatelas forjadas en masa, cosillas baratas que se desmoronan al toque.

Los detalles resaltan la verdadera calidad de lo nuestro, desde cacao orgánico de Bocas del Toro, fraguado aquí, no en Suiza, obsequiando el valor agregado a otros, hasta las más finas artesanías locales, concebidas por manos panameñas con esmero, con sabor, con amor. Da gusto husmear la tienda de Nessim Bassan, el heredero de La Aurora, esa de la antigua Avenida Central con los óptimos calzados de otrora. Caminante camina, desarrolla, perfecciona la calidad de su fino gusto durante sus años mozos en Boston. Y más allá de crear una venduta cualquiera, nos obsequia un artista que señorea su buena crianza con fina pluma y fotográfico lente que grafica su empeño. Me convidó Nate, como le conocemos sus amigos, a su oficina en el centro de la ciudad, donde el árbol de mango de Julieta Méndez aún reverdece sus frutos y nos obsequia su sombra en el estacionamiento que una vez fue el patio de su residencia.

En plena ciudad, adornado por el cantar de coloridos pajarillos jugueteando entre árboles, me recibe con cordial sonrisa y balsámico verbo. "Me place dispensarte mi última entrega: In the Land of the Kunas'". Se trata de un compendio a 80 páginas donde su bisturí ausculta los pormenores de la historia, cultura y gastronomía de los habitantes de San Blas en idioma inglés, próximamente en castellano, en práctico formato de libreto para que el interesado pueda husmear, ya sea en la privacidad de su habitación de hotel o a bordo del avión, los fascinantes recovecos caribeños de esos islotes y su vistosa gente, añadiendo otro ladrillo a la solemne biblioteca, en su totalidad autóctona, de Studio Nature, su emblemático sello.

Son precisamente este tipo de emprendimientos, largos pasillos de finamente escogidas piezas de artesanías, cuadros matizados por Luis Córdoba, que reflejan la coqueta hermosura de la mujer istmeña, impecable presentación del mejor café del mundo, bolsitas de geisha para el deguste por afortunados devotos al brebaje matinal, elegantes sombreros Panamá de verdad y cortes de brillante madera cocobolo cincelados por genuinos artistas, en su conjunto reflejando lo mejor de lo nuestro. Aplausos, nutridos, ¡interminables! a esta solemne gestión de calidad. Gracias, Nate, por ser, y no estar, en el alma de Panamá./ Líder empresarial.