El sinsonte humano

Por: Redacción 24/06/2018

Al despertar, en mi mente solo veía a una joven como cantando parada frente a mí.

Comparto su problema. Desde que nació y fue creciendo en edad, como para decir o intentar como todo bebé balbucear alguna palabrita en su lenguaje algo enredado, esta niña no decía ni pío.

Los padres consultaron con pediatras y especialistas que la sometieron a toda clase de análisis y pruebas relacionadas con el fenómeno y ¡nada!

Lo que sí notaron es que la pequeña Ramia escuchaba pero no hacía ningún  intento por hablar.

Así fue creciendo este encanto de niña, que era buena alumna, los padres para tratar de estimularla le ponían música instrumental muy selecta y notaban que prestaba atención demostrando que le gustaba, pero nada de pronunciar una palabra.

A Ramia, le encantaba despertar temprano y asomarse por la ventana de su habitación para ver y escuchar a los pajaritos cantarle lindas melodías al Creador,  con sus trinos armoniosos.

Ya estaba entrando a sus 16 años, y era bastante independiente. Le gustaba visitar las tiendas donde vendían pájaros de toda especie pero los que más llamaban su atención eran los sinsontes por su peculiar forma de cantar, quedaba embelesada escuchándolos.

Y así día tras día se familiarizada con ellos, fue guardando de lo que sus padres le daban para cualquier cosita que quisiera y un día compró una parejita de sinsontes. Cuando sus padres la vieron llegar jaula en mano con su adquisición tan particular se miraron admirados.

Y le hicieron señas preguntándole ¿y eso para qué?

Ella golpeándose el pecho les dio a entender que eran para ella, y sonriendo se fue al estudio que tenía.

Todas las mañanas los padres de Ramia escuchaban la dulce melodía de las avecillas, sonriendo comentaban: está Ramia disfrutando de sus amigos. Y asì fue transcurriendo el tiempo.

Solo veían a las aves cuando la joven en persona les limpiaba la jaula y les ponía alimento.

Un día, la muchacha se acercó a la jaula y como si estuviera comunicándose con ellos, haciendo con el dedo índice un gesto de advertencia, abrió la puertecita de la jaula y los pajaritos salieron y se posaron uno en cada hombro de la muchacha, quietecitos, ella, sonriendo, empezó a danzar por la habitación con las avecitas en sus hombros, cuando se cansó se tiró en un sillón, que había para descansar, y, de pronto, los sinsontes empezaron a cantarle suavemente al oído una melodía de acordes armónicamente combinados, que llamaron poderosamente la atención de la joven que, a medida que escuchaba ,movía sus labios lentamente apenas perceptible para los mismos pájaros.

Cuando sintió que alguien se acercaba, corrió a meter las aves en su jaula. Ese era su secreto.

Y así Ramia hacía todos días, poco a poco se le fue soltando la traba de la lengua sin que nadie lo notara, tanto fue así que cantaba haciendo coro con sus sinsontes.

Como solo emitía sonidos melodiosos como sus amigos sin palabras le daba pena que la escucharan, pero un día que sus padres habían salido y se encontraba solita, sacó a sus sinsontes de la jaula y junto a ellos empezaron a entonar la más bella melodía que oído humano haya escuchado.

Ramia elevaba sus trinos tan altos que competían con los decibeles de cualquier concierto de violines, tan ensimismada estaba con sus amigos que no se percató de que sus padres habían llegado.

Sorprendidos por lo que escuchaban, se miraron admirados y uno comentó:¿escuchas eso?  Parece que la niña compró otros pajaritos. Acerquémonos calladitos para ver qué está pasando.

Al asomarse con cuidado no podían creer lo que sus ojos veían y sus oídos escuchaban.

Ramia, con los dos sinsontes en sus hombros, trinaba la hermosa melodía igual que ellos, no se distinguía quién era pájaro y quién humano.

¡Increíble! Después de ser descubierta por sus padres la joven perdió su temor y se decidió, por insistencia y sugerencia de sus papás, a dejarse ver y ser escuchada.

Y así con sus sinsontes en los hombros ofrecía presentaciones con patrocinadores con el nombre de Ramia, el sinsonte humano. Para recabar fondos para personas que tenían problemas similares a los de ella.

Escritora.