Multiplica el plato, niño

Por: Redacción 30/06/2018

Al despertar, solo tenía en la mente  la imagen de un niño sentado a una mesa comiendo.

Les comparto qué sucedió.

El niño tendría como diez años, la mesa donde comía estaba cerca de una ventana donde se podía ver qué ocurría afuera

De pronto, el niño observó a una niña y a un niño que buscaban qué comer en los basureros, le dio tanto asco que casi vomita lo que se había comido, pero, se fijó que los niños reían felices cosa que lo dejó desconcertado, confundido, sin saber qué hacer.

No obstante, sin pensarlo dos veces se levantó y salió acercándose a ellos para que le dieran una explicación lógica que satisficiera su curiosidad ante algo tan inusual.

Los abordó con esta pregunta tajante: ¿por qué hacen eso?  Los chicos con naturalidad respondieron: ¡porque tenemos hambre!

Para nuestro personaje era inconcebible lo que le respondieron porque él jamás, en los años que tenía de vida, tuvo que saciar su hambre comiendo de un basurero.

Eso le pegó fuerte porque siempre pensó que todos los niños eran iguales y tenían una casa y alguien que se ocupara de algo tan sencillo como preparar unos alimentos y darles de comer,  pero, esto tocó las fibras más sensibles de su infantil corazón, los miró fijamente de arriba abajo tanto asì que los chicos se miraron extrañados y la niña preguntó: ¿qué le dio a este ahora?

Llamaremos a nuestro personaje José, quien les preguntó: ¿cómo ustedes, hay otros niños que hacen lo mismo? 

La respuesta lo dejó perplejo: si no tienen quién los alimente de seguro que comen de la basura.

José abrió grandemente los ojos y exclamó casi sin aliento, ¡Dios mío! ¿verdad? 

Y conmovido dejó caer una lágrima de sus ojos.

Los niños no acostumbrados a estas sensibilidades humanas porque hasta ahora  a nadie le había importado verlos comer de los tinacos le dijeron a José: oye, ¿cuál es tu problema? 

No te hemos pedido nada, además se ve que tú sí tienes quién te alimente y te vista, nosotros somos felices así, si no nos dan será porque no tienen o no quieren, tampoco les pedimos, en los tinacos encontramos de sobra.

José, no podía creer lo que escuchaba y preguntó: ¿y no se enferman con lo que comen? 

No, porque no comemos lo que está dañado. Le respondieron.

Haciendo ademán de despedirse le comentaron: se ve que eres un buen chico. Multiplica el plato niño, que te comes, no para nosotros sino para muchos que a lo mejor no encuentran nada en los tinacos como nosotros y no se atreven a pedir por pena.

José reaccionando les suplicó: ¿y si yo multiplicara los platos, ustedes me ayudarían a repartirlos? 

Los niños se miraron y exclamaron entusiasmados sin entender claramente a qué se refería: claro que sí.

José les dijo: se me ha ocurrido una idea, después de consultar les aviso. ¿Dónde viven?

Le respondieron: si no tenemos quién nos alimente, menos dónde vivir,  dormimos con otros niños donde nos coja la noche.

José les dijo: ok, ok,  mañana nos encontramos aquí.

El pobre José no pegó los ojos en toda la noche, había vivido en un par de horas lo que en sus diez años no había experimentado jamás.

Apenas amaneció se fue a la recámara de su mamá a conversar con ella que, extrañada y sonriendo, le preguntó: ¿te caíste de la cama niño?

José, muy serio, le preguntó: ¿mamá tú sabías o has visto que hay niños que comen de la basura?

Ella sorprendida le preguntó: ¿y esa pregunta? 

Contesta, por favor, le suplicó el niño.

Ella mirándolo con curiosidad le contestó: sí, cuando voy camino al trabajo en el coche he visto a algunos en esa práctica.

¡Mamá!  ¿Y nunca hiciste nada por ayudarlos? 

Ese no es problema mío, sino de las instituciones encargadas de esos menesteres, mi deber es cuidar de ti, no de cuanto niño andrajoso vea por la calle.

José le dirigió una mirada tan penetrante que no fue capaz de sostener, bajando la vista impresionada, él, muy serio, le dijo: Pues de ahora en adelante sí va ser problema nuestro, porque toda esa fortuna que me dejó papá quiero multiplicar muchos platos de comida para esos niños que no tienen la bendición de tener, como yo, quién los alimente diariamente con un plato de comida caliente y tener un mejor aspecto físico.

Entre tú y yo planificaremos cómo multiplicar esos platos.

La madre estaba en shock y mirando conmovida a su hijo no pudo contenerse y lo abrazó fuertemente y le dijo: ¡los multiplicaremos hijo mío!

José no sabía cómo canalizar tanta emoción recordando a los niños y solo atinó a decir : ¡Gracias mamá!, sabía que podía contar contigo.

Escritora.