La culpa de mis problemas
Con regular frecuencia, oímos y leemos, frente a la gran cantidad de problemas que tienen muchas personas en el ámbito de lo socioeconómico, que ellas, en infinidad de veces, culpan o responsabilizan a los demás.
Ante esto, cabe preguntar: ¿cuál es el porcentaje de responsabilidad de una persona frente a su propia situación socioeconómica?
Por ejemplo, si dicha persona no estudió, ¿de quién es la culpa?, o si tiene más hijos de los que puede mantener, ¿de quién es la culpa?, o si vive en un sitio susceptible a embates de la naturaleza, ¿de quién es la culpa?
¿Es verdad o justo decir que los demás tienen la culpa de mis problemas?
Ojo, son preguntas que requieren nuestra consideración.
Muchos casos (no dije "todos" ni dije "la mayoría", advierto) de personas que en la vida andan en zigzag (desorden) son la consecuencia de carencias, trastornos, sesgos o limitaciones espirituales, emocionales, morales, cognitivas, mentales e intelectuales que solo pueden ser resueltos en el plano de lo trascendente, es decir, de una reingeniería de sus mentes.
Hay casos en los que debe prevalecer la solidaridad humana (Gobiernos, iglesias, vecinos, etc.), claro está, pero si el problema está en la mente, es ahí donde se deben hacer los cambios porque de muy poco (por no decir nada) sirve ayudar a quienes no tienen el deseo de cambiar su forma de pensar.
Sería algo así como fomentar o cultivar el parasitismo o la sinvergüencería, lo cual no es apropiado.
"¡Qué fácil es para mí hablar así!", sería, seguramente, la primera reacción de muchos, pero no me expreso como lo hice "porque soy injusto e insensible", aunque puedo y debo decir que lo que tengo se lo debo al Eterno y, después, a mi esfuerzo (junto a mi esposa), al esfuerzo de mis padres, al esfuerzo de mis abuelos y de muchas otras personas más que me han apoyado en momentos especiales.
Ahora bien, en esencia, soy promotor y defensor de la justicia social, no solo con palabras; no obstante, hay un análisis profundo, un debate sincero y una rectificación oportuna que se deben realizar, de manera insoslayable, con un carácter permanente, periódico, dinámico y sostenible.
De poca ayuda para la solución de los problemas sociales es si limitamos o reducimos nuestras reflexiones y acciones al constante antagonismo y al perpetuo prejuicio relativo a las diferencias entre las personas (ricos vs. pobres, oposición vs. gobierno, una religión vs. otra religión, una ideología vs. otra ideología, doctos vs. ignorantes, etc.).
Hay un gran trabajo que hacer en cuanto a que la gente sepa lo mucho que vale y lo mucho que puede hacer si cambia de actitud y toma las decisiones correctas.
Abogado.