Un nuevo rumbo

Por: Redacción 05/07/2018

El 1 de julio de 2018 se inicia el último año del gobierno del presidente Varela.

Durante cuatro años, la ciudadanía panameña se ha quejado de un gobierno aletargado en su accionar, lo cual ha producido una ineficiencia administrativa de la cosa pública como nunca antes se había dado en Panamá.

Esta situación, aunada a circunstancias que denotan corrupción en los diversos estamentos del Estado, en sus diferentes niveles administrativos, ha provocado la mala calificación con que estaría saliendo del poder el actual presidente.

Para aquellos que nos mantenemos predicando que el Estado de derecho en el país está colapsado, que la Constitución es pisoteada a diario y que hay una ausencia notoria de una verdadera aplicación de la justicia a los ciudadanos, nos mueve a resaltar que la nación debe darse un "nuevo rumbo".

Los desaciertos y la ausencia de políticas nacionales que dicten las pautas hacia la consecución del "bien común" para todos parecen alejarnos de toda posibilidad de alcanzar mejores niveles de bienestar en nuestra sociedad.

En consecuencia de lo anterior expresado, es urgente que adoptemos nuevas formas de hacer la política en Panamá.

Hay que propiciar cambios que nos permitan tener un país con rumbo y estabilidad en todo sentido.

Es decir, hay que lograr una transformación estructural profunda y compleja.

El 1 de julio podría convertirse en ese momento inicial para que todos nos comprometamos a lograrlo. La clase política debe entenderlo así.

La sociedad panameña entera debe estar consciente de que es necesario activar un movimiento para que la institucionalidad del Estado funcione como instrumento político para hacer valer la voluntad ciudadana para hacer realidad una transformación de la nación hacia los nuevos y promisorios horizontes que Panamá está en capacidad de lograr.

No se puede negar que la forma de hacer política en Panamá necesita sanearse.

Es necesario que las diferencias se logren zanjar con el diálogo político, de ganar – ganar entre las partes, teniendo como beneficiario central a los panameños, sin exclusión ni discriminaciones.

El choque entre fuerzas que, al parecer, actúan visceralmente, como vemos se está haciendo hoy día entre los poderes del Estado, no puede anteponerse a los arreglos pacíficos de los conflictos políticos.

Al final de cuentas, la lucha debe ser para defender un Estado constitucional democrático, con real separación entre poderes del Estado, en el cual todos asumamos responsabilidad para hacer prosperar una sociedad con reglas claras, donde no se hagan interpretaciones distorsionadas de las mismas que afectarían las relaciones entre los ciudadanos y el poder público.

¡Es nuestra tarea obligante y comprometida producir una refundación de la nación para dejar a las generaciones venideras una verdadera República democrática y progresista!

Ingeniero.