Divididos Estados de América
Más allá de los asados tradicionales del 4 de julio y los fuegos artificiales que estremecen e irradian el crepúsculo de "We, the People", a los 242 años de su independencia prevalece un sentido de congoja por lo que fue y ya no es, una gran nación que ha olvidado su rumbo, su norte, su espíritu.
El renacer del racismo es una de las aspas del molino de la discordia. Un presidente abiertamente racista, apoyado por una turba de símil aforismo, parece haber oxidado la conjetura de la guerra civil, del movimiento por los derechos civiles y el bronceado de un país donde poco inglés se habla en Miami y donde García y Rodríguez forman parte de los 10 apellidos más comunes de la nación.
Una mujer de raza negra, oriunda de Congo, fue arrestada por escalar el monumento de la Estatua de la Libertad la víspera en señal de protesta por la separación de familias en la frontera sur. El mensaje de la estatua, símbolo de aceptación de inmigrantes dice: "¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres, vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad. El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas. Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades, a mí. ¡Yo elevo mi faro detrás de la puerta dorada!".
Frederick Douglass, hijo de una esclava y su amo blanco, en 1852 ya un hombre libre, al referirse a la esclavitud en su famoso discurso del 4 de julio en Rochester, Nueva York, declamó: "Lo que se necesita en momentos así es una sofocante ironía, no argumentos convincentes. Ay, si tuviera la capacidad, y pudiera llegar a los oídos de la nación, hoy derramaría un ardiente torrente de mordaces mofas, de terribles reproches, de paralizante sarcasmo y de severos reproches. Porque lo que se necesita ahora no es luz, sino fuego. No es la suave lluvia, sino truenos. Necesitamos la tormenta, el torbellino y el terremoto. Hay que reavivar la sensibilidad de la nación, hay que despertar la conciencia de la nación, hay que sacudir la corrección de la nación, hay que exponer la hipocresía de la nación y hay que denunciar sus crímenes contra Dios y contra las personas."
Las palabras de Douglass, 166 años después, vuelven a repicar en un país que pierde el liderazgo, que se debate en medio de toneladas de armamentos, vecinos asesinando vecinos de la forma más insensata e inesperada, en escuelas secundarias y oficinas de prensa. Un terco liderazgo que reniega el calentamiento global, sufriendo los embates precisamente esta semana del día más caluroso en la historia de la humanidad. Duele el muro, la charlatanería y la indiferencia de lo que fue y ya no es. Un 4 de julio para meditar.