Desde Miami

Por: Redacción 14/07/2018

Bien lo decía Marco Polo y le intimaba el Quijote a Sancho, permanecer mucho tiempo en el mismo sitio oxida el alma y envejece el corazón. Por ello me alegra sobremanera que, a pesar de la deuda a largo plazo, muchos compatriotas optaron por acompañar a la selección durante su participación en el Campeonato Mundial de Fútbol porque sus vidas ya no serán las mismas, esa aventura más allá de los Urales pernoctará por siempre en el recuerdo, el video vigente por décadas como narrativo a amistades y nietos, hasta el último adiós. De símil forma, esta semana heme trasladado, ni muy lejos ni tan cerca, a la península floridana, harta familiar, ya que por asuntos profesionales herví bajo su sol de mediodía y sufrí los embates de múltiples huracanes durante 15 años.

No quiero retocar el casete, pero lo primero que impacta al viajero es obviamente el aeródromo, aeropuerto en constante remodelación y sujeto a los constantes cambios tecnológicos para mejorar y expedita la experiencia del viajero. Tenemos mucho por hacer en Tocumen. No basta con una nueva terminal. El procedimiento de alquiler de autos, posterior al traslado desde la terminal aérea al centro dedicado a estos pormenores, a través de una línea de trenes, gratuita y expedita, nos lleva no a una línea fastidiosa, sino directamente a la selección del auto deseado en un lote con diferentes opciones, donde todos los autos han sido previamente revisados, sin necesidad de mostrar la llanta de repuesto y golpearla para ver si tiene aire, detalle tan tercermundista que nos atañe.

Ya en la autopista, a pesar de que Miami no deja de ser otra ciudad latinoamericana tatuada en el imperio, la señalización es impecable y los baches inexistentes. Da gusto, aún en horario de tranques, circular sus vastas carreteras y callejuelas. Por ley, los espacios de estacionamiento de automóviles distan de 10 pies entre línea y línea, lo que permite, de esa manera, salir de su auto al más obeso de los conductores, sin rayar o golpear el auto aledaño, tema de discusión cuando tengamos una Asamblea Nacional y consejos municipales con visión ciudadana y sin velar por el próximo proyecto para dirimir el monto del salpique.

El tiempo de espera en centros de ventas se agiliza vertiginosamente porque se asimila, se comprende y aprecia que al consumidor lo que más fastidia de su experiencia es la fila en la caja. Si se cancela la compra con billete de cien, la cajera simplemente le raya con un lector que indica su veracidad, sin necesidad de timbrar a la supervisora, escribir su número de serie y verificar la cédula del cliente, proceso que demora varios minutos y fastidia sobremanera a las otras personas en línea.

Llegamos a la conclusión de que la calidad de vida en el siglo 21 se mide no por el número de rascacielos (Ciudad de Panamá es la tercera urbe más elevada del continente posterior a Nueva York y Chicago), sino por la agilidad de los procesos.

Y la única forma de olerles, sentirles e implementarles en el medio es trasladándonos a otros sitios donde se hacen las cosas bien o mejores, porque, a pesar de todo, aún en Miami pernocta el juegavivo en el conducir, recordándonos que por acá vive uno que otro conciudadano.