Necesidades urgentes
Planteo mis pensamientos, entregados a las profundas reflexiones porque esto es lo que debe ejecutar un pueblo consciente y dinámico frente a las ingentes necesidades que lo atrapan e incomodan en su permanente laborar.
Para concebir y pretender levantar los aspectos conceptuales que involucran las variadas maneras de pensar, es conveniente poner al servicio de las genuinas aspiraciones los atributos palpitantes recomendados por las ambiciones y necesidades que urgen resolver a nuestra gente manteniéndonos en vilo, las arterias viales.
No pretendo ser poseso amante del ideal, pero la lógica me indica a exponer mis derechos afectados, declarados mayormente obligatorios.
Nuestras vías reclaman a gritos la construcción de los ocho carriles, solo así podremos entregar las benéficas atenciones por tanto tiempo anheladas, pues mis objetivos claman por elevar el pueblo al puesto imponente del pensar creativo de revestidos planes con lujosos frutos fornidos esperables.
Es asunto valioso y decisivo, encausar dichos esfuerzos evaluados hacia los fines con poderes destacados abriendo espacios convenientes sopesando con exquisitas influencias los beneficios predilectos que abrigan los reinantes deseos, donde las variadas proyecciones se orientan acordadas a solucionar los habituales engorros que padecemos en el diario manejar o caminar.
En los linderos de las calles y avenidas no debemos permitir las construcciones de viviendas que complementariamente vienen a constituir un estorbo en el manejo de toda sociedad claramente consolidada.
Los gobiernos que marchan guiando el instante de sus colectividades, indudablemente verán rápidos dichos rendimientos positivos a favor de los pueblos que dirigen, detectando así las claras evidencias que bullen en el corazón del porvenir delator de las cantidades masivas de complicaciones denunciadas en uno de los servicios brindados de clasificaciones sensibles y esenciales, siendo nuestro cotidiano acontecer donde podemos palpar un número cuantioso de inseguridades que estropean con facilidad el traslado de un lugar a otro, mediante las calles y avenidas que agrupan el movimiento a pie o transporte en la ciudad de Panamá y sus áreas aledañas.
Cualquier persona pregunta ¿por qué resultan los tranques?
Aquí la respuesta en nimia: hay mucha gente, muchos autos y las calles son extremos estrechas, dichas contestaciones son simplemente llanas.
Si la ciudad adolece de estos entuertos qué se puede afirmar de los campos, aquí no hay camino carretero, ni senderos agradables, ellos se guardan acoplados bajo el dominio de las tragedias ordinarias.
La sociedad no desea lujos con detalles espléndidos, sino complacer las necesidades que nos contraen los comunes gastos inútiles, pues las cercanías se han convertido en lejanías.
De la ciudad a Juan Díaz se toman horas, he allí el clímax.
Solo cumpliendo con los ocho carriles se pueden eliminar las molestias y así conquistaremos las hermosas utilidades con sus equitativas consecuencias admirables.
La vida la exponemos a las tendencias frustradas, hechas un fenómeno patético y fastidioso, cuando no se implantan normas puras de lineamientos definidos y legítimos, dejándola a merced de la falacia repelente con sus resultados onerosos y nefastas direcciones calamitosas.
Esa metodología de construir casas en las orillas de las calles data de la época colonial.
Vivimos del pasado no del presente, eh aquí el porqué de los tranques ese es un preparativo de cultivo que pertenece al pasado.
Y ahora nos vienen con el cuento de enmarañar las calles con lujosos atuendos y lo que realmente se reclama es el puntual número de carriles adecuados que permiten liberarnos de los apuros, estableciendo los ocho carriles con sus eficaces cualidades de requerimientos descollantes.
Tenemos un corredor denominado de los pobres y esto es radicalmente desdeñable, ellos deben llevar un nombre notable como corredor de la juventud, ofreciéndoles la venia a los que se levantan, esto sería la sutil belleza delicada, rindiéndole el dulce homenaje con amor al connotado devenir.
Escritor.