Matilda y su niña
Vi a Matilda mientras dormía con una niña como de dos años pararse frente a mí.
Vestía un traje color verde limón y la niña un trajecito rosadito estampado.
Quedé impresionada cuando la imagen quedó congelada frente a mí.
Al despertar allí la tenía grabada en mi mente clarita como sol de mediodía.
Como siempre les comparto.
Ella trabajaba como empleada doméstica en casa de una familia de clase media que le permitía llevar a su niña porque era madre soltera y necesitaba trabajar para proveer a su hija de sus necesidades básicas pero, no tenía quién se la cuidara.
Como era una mujer humilde y trabajadora, gozaba de mucha consideración por parte de la familia, compuesta por cuatro adultos, los esposos y dos hijos, varón y hembra, mayores de edad.
Tanto era el aprecio que le tenían a Matilda que habían acondicionado un espacio apropiado para que la niña jugara sin peligro de hacerse daño y no andar libremente por la casa tocando y tirando objetos, comportamiento propio de niños de su edad que todo les llama la atención, así la madre tenía más libertad para cumplir con sus deberes, sin dejar de vigilar a su niña, que se dormía a veces en una colchoneta que le habían colocado con ese fin, era muy querida por todos.
Los días transcurrían sin mayor novedad en ese hogar.
Hasta que un día la paz se vio amenazada por una situación en la que Matilda iba a ser pieza clave en la misma.
Veamos.
Un día, como otro cualquiera, pidió permiso para entrar a limpiar la recámara matrimonial al escuchar "pase" encontró que la señora aún estaba acostada, cosa inusual en ella que a esa hora ya estaba casi arreglada para salir a trabajar.
La joven, extrañada y sin querer ser imprudente, se atrevió a preguntar: ¿se siente mal señora?
Y la respuesta fue un mar de llanto desconsolada.
Lógicamente que esa actitud impresionó a la muchacha que asustada le dijo: ¿Qué le duele?, dígame por favor, que yo le preparo un té que hacía mi abuela cuando me dolía la pancita: la respuesta la dejó más intrigada todavía: Matilda, tu té, no me servirá de nada, porque no me duele la pancita como tu dices, sino el alma.
Y más llanto. La pobre muchacha no entendía nada y preguntó: ¿y ese dolor cómo es y con qué se cura?
Viendo la señora la ignorancia de la joven le dijo: ven, siéntate aquí, junto a mí.
Mira no he querido decir nada para no mortificar a nadie, pero de un tiempo para acá las cosas no están bien entre mi esposo y yo, casi no tenemos comunicación, ni vida íntima y como mujer pienso lo peor.
Creo que mi matrimonio se fue a pique.
Cuando terminó de hablar, la joven de un brinco quedó de pie y mirando con asombro a su patrona le dijo: ¿y tirada allí lloriqueando es como usted piensa arreglar las cosas?
Mire, lo que más ahuyenta a un hombre es una mujer llorona, por casualidad usted le preguntó ¿qué le pasa?
Para qué si siempre está callado como pensativo, respondió.
Mire usted a los perritos cuando les duele algo están echados tristes y calladitos, pero, si le hacen cariño y tratan de averiguar qué les pasa casi siempre se descubre.
Usted ya dio por hecho que se arropa con otra manta, y ¿quién se lo asegura?
¿Y si al hombre le duele eso que le duele a usted y le da pena decirlo?
No soy quién para aconsejarla pero, ahora mismo se pone guapa, lo llama y lo invita a almorzar afuera y dele una dosis de cariño y verá como vomita lo que tiene atora'o.
Señora, la familia es lo más bello que hizo Dios y cuando el demonio se mete, con llanto no lo va echar, sino con coraje y decisión defendiendo lo suyo.
¡Wao. La mujer la miró admirada!
Sin creer lo que escuchaba y le dijo: no acabo de comprender por qué una mujer como tú es madre soltera.
¿Sabe por qué?
El muy cretino me engañó diciendo que era libre y tenía familia y lo que no quisiera para mí tampoco lo deseo para otro, y al saber eso me aparté, para no ser causante de la ruptura de un hogar, eso no lo haría ¡jamás!, la familia es sagrada.
La señora le dijo: ¡quién iba a decir que en una mujer tan sencilla y humilde se esconde tanta sabiduría!, gracias Matilda, seguiré tu consejo al pie de la letra y estoy segura que veré la luz al final del túnel.
Y así vemos que no siempre los problemas de pareja es por infidelidad, porque a este caballero le habían detectado un cáncer de colon y no se atrevía a decirlo por temor a la reacción de su familia.
Escritora.