Quo vadis
Cuando los gobiernos, luego del éxito en una contienda electoral, inician su actividad o gestión política, con aparente paso firme y decidido aquilatan y ponderan, para su ejecutoria, parte de las promesas hechas al electorado y con las cuales lograron el convencimiento de este para enquistarse en la administración de la cosa pública del Estado.
Otras promesas son negligentes o dolosamente olvidadas, merced a la incompetencia o incapacidad para ejecutarlas.
Al parecer, lo anterior describe una nota que es común a la gestión de los gobiernos latinoamericanos y el pueblo queda en una especie de encarcelamiento de su voluntad frente al poder policivo o militar que tienen esos gobiernos para reprimir todo tipo de protesta o de proclama de diversos sectores populares y que lo hacen en procura de reivindicaciones frente a necesidades concretas de esos mismos sectores.
Un gobierno que no es capaz de resolverle los problemas sociales al electorado, termina siendo objeto de las más acre repulsa social así como también de una censura sin límites frente a la decepción generalizada ante la falta de respuestas que materialicen soluciones a problemas ciertos como: vivienda, agua, educación, energía eléctrica, temas impositivos onerosos y gravosos, trabajo, transporte, alimentos, sector agrario, etc.
Pero, habrá de resultar, que en el curso de los primeros años de la gestión de gobierno, se va demostrando, de modo natural y espontáneo, se pone en el mesón o en sobremesa, que se les acaba el tiempo para administrar la cosa pública, y el pueblo empieza dar muestras de ansiedad y desesperación.
Entonces, frente a ese estado de cosas, el pueblo se convierte en un implacable opositor.
Digan o hagan, como gobierno, ya nadie les cree, nadie quiere escucharlos, nadie desea apoyarlos, en nada.
La decepción seguirá ganando adeptos, seguidores, y el dedo acusador del pueblo permanece, en todo momento, señalando a quienes lo han decepcionado.
Entonces, los que analizamos el estado de cosas, en profunda meditación de qué ha sucedido, hacemos el intento de teorizar sobre esa decepción y tratar de encontrar el rumbo correcto de lo que debe estimarse y entenderse como una gestión positiva de gobierno.
Frente al estado de cosas en nuestro país, cabría preguntarnos: ¿Cuáles han sido las fallas o errores, omisiones y culpas de este gobierno?
Denunciaríamos las siguientes:
1. Persecución política, en primer plano. Por ello los tribunales han venido dando cuenta de la caída de los casos.
2. Ausencia de una auténtica agenda de gobierno que dé crédito al logo "el pueblo primero".
El logo político se ha convertido en un sintagma falsario.
3. Instrumentar o utilizar instituciones del gobierno para la persecución.
Armar casos en contra de los detractores del gobierno ha sido la muestra más evidente de la persecución.
4. Selectividad de la justicia penal.
Persecución a los enemigos y críticos del poder, tranquilidad y "cero estrés" a los allegados y amiguitos del poder.
5. Abandono de la preservación y estabilidad de la actividad económica de la pequeña y mediana empresa –muchos negocios en la quiebra y cerrados-.
6. Descuido y desgreño en las inversiones públicas, cuando no lentas y sin mayores avances.
7. Pésimo manejo de las relaciones diplomáticas e internacionales, amén de la ausencia de información y transparencia –caso de las relaciones con China-;
8. Ausencia de transparencia en el gasto público, sobre todo el que implica o traduce gastos suntuosos –viajes en supuesta agenda de Estado no acreditada y con réditos negativos a los intereses nacionales-.
9. Descuido a la salud pública –un ejemplo: Los conciudadanos de Azuero se preguntan por qué solo en las provincias de Herrera y los Santos hay hanta virus y en otras no, y nadie les sabe explicar.
Colapso total en la salud.
10. Lentitud en la designación de magistrados y otras cargos públicos.
Ya ha transcurrido más de medio año desde que debió hacerse el nombramiento de tres nuevos magistrados en la Corte y aún nada.
11. Maniqueísmo perverso en la actividad de gobierno.
Se gobierna para un partido no para el país.
12. Persecución política a un expresidente del Estado.
Constitucionalmente, quede claro, no cabe la acusación por los casos que se le atribuyen, y cada día inmerso en un juicio político lo hace trascender a un liderazgo sin limites.
13. La inseguridad ciudadana.
Cada día se incrementan las muertes violentas.
14. Cero iniciativa a las políticas públicas e inexistencia de leyes sobre tales políticas.
Eso ha generado casos y marasmo.
Queda abierto el debate.
Abogado.