Lucidez íntegra
Aplausos colectivos resuenan en el umbral cuando aquel mozuelo logra trastabillar sus primeros pasitos, algo similar a lo que ocurre en el parque al empujar la bicicleta y captar el equilibrio que le mantiene recto en el camino.
Y la criatura realiza el cambio, anuente que lo que ha aprendido quedará por siempre atrapado en la memoria que le permitirá en un futuro el nado en lugar del ahogo en las turbulentas aguas de la vida.
Asimismo, la historia educa al catecúmeno a no repetir los errores del pasado, allí está la clave de lo que ignoraron los "führer" del ejército nazi al penetrar los campos de batalla más allá de los Urales y repetir el fracaso napoleónico.
Lo mismo acontece en el escenario político tropical donde el repaso de la historia refleja azarosamente el cristal de un Arauca ya no tan vibrador en el Panamá actual.
Al visitar de cabo a rabo los destinos de América en la década del noventa, mientras nuestro país se recobraba del fétido experimento octubrino, admiraba un oasis en la miasma social continental, ese Venezuela con su gente bonita, corrupto a decir no más, donde el poder balanceaba, tornaba entre una Acción Democrática (AD), solo de nombre igualito a todos nuestros partidos políticos, y un Partido Socialcristiano, dizque COPEI, que derrocharon los cofres repletos de fornidos bolívares durante el carnaval de la Organización de Países Productores de Petróleo, en el país que aún posee las mayores reservas del venenoso oro negro en el mundo, cáncer que nos sumó al colectivo de la pobreza económica y ambiental.
¡Qué bueno que tantos venezolanos de los buenos, que son la mayoría, emprenden nuevos rumbos en el istmo!
Porque estos sudamericanos, símil al fenómeno de los cubanos en el sur de Florida, desde la década de los sesenta, son empresarios, arrieras de la cornucopia.
No restan, suman.
No nos arrebatan el pan, al contrario, nos contratan, creando nuevas fuentes de trabajo.
Si no lo cree, dése una vueltecita por Costa del Este, o mejor aún por Miami para que huela la yuca con mojo y ropa vieja con tostones en lo que se ha convertido de un decrépito pantanal a mediados del siglo pasado en la capital de América Latina con su Trump National Resort tatuado en Doral, donde juegan golf en español y no existen muros que detengan la riqueza colectiva.
¡Qué bueno que contamos con venezolanos para que nos echen el cuento bien!
La parábola de la corrupción que carcome los feudos de la tierra hasta que hartos del abuso, los pueblos toman medidas extremas y su error les lleva al abismo generacional que hoy viven en carne propia los nicaragüenses.
Se llama "quítate tú para ponerme yo", de Guatemala a Guatepeor.
De ello trata el drama de la farsa en el que los actores, mal llamados políticos del medio, se desenvuelven de manera caricaturesca en vísperas de elecciones, con lindos planes de gobierno como guion, diarrea de promesas falsas que jamás cumplirán.
En el país del canal ampliado, sueño con faraónicas escuelas, centros ávidos del desarrollo que desvanezcan nuestra colectiva miopía, con salud igual para todos, pero no de mentiritas.
Con ese Panamá amable del "excuse me" del compa en la noche típica del Holiday Inn Paitilla, de un fecundísimo turismo regido por mentes pensantes, sanas e incorruptibles.
En un Panamá donde los forajidos que nos dirigen, que nos ultrajan, eternos vacuos concurrentes de programas televisivos, "politólogos" paguen su deuda moral y devuelvan íntegro lo desvalijado.
En un país donde empujemos la bicicleta del niño para que confiado conduzca el rumbo del progreso honesto y amable, entonando la letra del himno nacional con verdadero fervor y ahínco patrio.
Ese es el istmo que todos merecemos.
Medita tu voto, puede ser la última oportunidad de practicar nuestra lucidez íntegra.
Líder empresarial.