Muchos candidatos, pocas ofertas
Empezó el mareo electoral, cada día aparece un nuevo candidato para ocupar la silla presidencial, la ambición por el poder crece a pasos agigantados, es el país, creo, que tiene más candidatos a la presidencia, como si fueran a aspirar a una gerencia a la que cualquier universitario aspira.
Dicen que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen.
Considero que este noble, pacífico y bendecido pueblo, por "aguantón", se merece un gobernante honrado, honesto y un probado servidor de todos, y según la opinión popular, salvo un par, no vemos a ninguno con esas cualidades.
Saben que no van para ningún lado, pero no quieren perder la partida que les da el TE (Tribunal Electoral).
Muchos no tienen ¡ni idea! de cómo se gobierna un país, porque antes de preparar la logística y la asignación de un gabinete que responda a las necesidades del pueblo, (porque los asesores son un estorbo) quieren saber cuánto tiene el arca del Estado para empezar a cranear las estrategias a seguir, y a partir de esa información empiezan a gobernar, no a servir, a un pueblo que confía en mejores días.
No se sabe a ciencia cierta a qué se debe este fenómeno, pero el país nunca recibe de los que pretenden gobernarnos unas ofertas que llenen las expectativas del electorado, se mandan unos discursos demagógicos jugando con la buena fe de los que aspiran que voten por ellos.
En vez de ser sinceros y decir la verdad, como por ejemplo: "No les prometo bajar la canasta básica al asumir el cargo inmediatamente, pero entre todos buscaremos los medios para lograrlo, porque yo no deseo trabajar de espaldas a ustedes sino de frente y en consenso con todos, buscando siempre el interés de la mayoría".
Algo así, de momento, podría dar un poco de confianza, pero la sarta de mentiras que dicen despiertan desconfianza porque la gente se pregunta: ¿cómo hará para dar lo que promete y no tiene?
No tengo idea de cómo se realizará esta contienda, pero es necesario que desde las primarias de cada partido seamos conscientes de lo que hacemos para no arrepentirnos después, porque una vez que sentemos en la codiciada silla del Palacio de las Garzas a uno de estos candidatos, roguemos a Dios que llene las expectativas de la mayoría, sino tendremos que ser garantes de que cumpla con su labor de servidor, pero no podemos ser cómplices de corrupción en ninguna de sus fases, la patria nos exige luchar por el bienestar colectivo.
Cuando empieza el periodo electoral los interesados en puestos públicos no se contagian de gripe, que se cura con un par de analgésicos y antihistamínicos, como epidemia, la corrupción contamina el ambiente, la mayoría lamentablemente se contagia de ese terrible mal y si no se vacunan con la inyección de la moral, curarse será muy difícil porque aparentemente es un mal sin remedio cuyo virus se ha instalado en los pupitres de las oficinas públicas. Dios nos agarre confesados para el arrebato que viene.
Escritora.