Rehenes en mediocridad

Por: Redacción 04/08/2018

Dilatando pupilas, la última entrega del semanario "TIME" nos obsequia un bosquejo del turismo mundial, ese que pulula efervescentemente más allá de Punta Burica y La Miel, exaltando aquellos sitios que por su sesuda planificación se han convertido en los panales donde deambulan sin cesar un creciente número de visitantes, dejando atrás un botín de billones de dólares anuales, la permanente creación de riquezas y empleomanía en sitios que sí saben hacer las cosas bien.

Mientras tanto, en ciudad de Panamá nos enfrascamos en proyectos como las muy necesitadas amplias aceras capitalinas, producto del desgreño político acumulado y la sistemática carencia de un sistema que permitiese el ordenado desarrollo urbano.

Complementando las aceras, la comuna invirtió valiosos recursos en la modernización de parques, cito como ejemplo el bellavistino parque Urracá, en cuyos árboles lejanos retorcidos tracé un corazoncito con el nombre de la amada, hace décadas, en años de adolescencia, un corazoncito que solo yo y ella, en secreto, podíamos apreciar, pinceladas que con el advenimiento de Facebook y Twitter se han tornado románticamente obsoletas.

El desagüe en tiempos de lluvia, casi todo el año, es esencial en el desarrollo de urbes humanas, sino pregúnteles a los integrantes del Distrito de Planificación del Agua del Sur de la Florida, particular geografía pantanosa que ha permitido el ordenado florecimiento de ciudades y poblados en tierra de lagartos y huracanes, mejorando la calidad y suministro del vital líquido al mismo tiempo que provee un sistema de protección de inundaciones, mientras aquí se nos olvidó coordinar con el Idaan, con el MOP, con un sinnúmero de entes inoperantes por el continuado nombramiento de vacuos compañeros de tragos del gobernante de turno que les importa un pepino el bien común y siquiera saben dónde están sentados.

Grandes obras como la expansión del Canal de Panamá, el mayor proyecto de excavación en la historia no son aprovechados a su máxima expresión por la miopía de un grupo de políticos que poco les importa con el progreso del país ni mucho menos con los ciudadanos que les han elegido.

Ello no solamente se refleja en la podredumbre de los que nos dirigen, sino en la flaquencia intelectual del electorado, que parece estar dotado de niveles de inteligencia levemente superior al bovino.

Los 2 millones de adornadas cifras de turistas que incluyen los cientos de miles de "visitantes" de países vecinos que entran y salen desordenadamente, sin control, son una burla a la inteligencia.

¡Panamá debiese contar con un mínimo de 10 millones de turistas anuales!

Y eso se logra con una planificación esmerada de sitios turísticos existentes que se encuentran al garete.

El cerro Pechito Parao en Darién, donde Balboa ojea por vez primera el Mar del Sur, es uno de ellos.

Quien visita Panamá sin escudriñar la majestuosidad del océano Pacífico y el golfo de San Miguel desde su cima, se lo ha perdido todo.

¡Ese es nuestro Machu Picchu!

La reconstrucción total de la ciudad de Panamá La Vieja, la primera ciudad colonial de este lado de las Américas, con sus calles empedradas, sus carretas y un simbólico galeón restaurante atraerían más turismo que Disney.

El trazado del Camino Real, la Ruta del Oro, donde circuló la mayor cantidad del metal en la historia, desde Panamá Viejo hasta Portobelo, se convertiría en un señuelo como lo es el Camino de Santiago de Compostela que ha convergido millones de peregrinos, con la diferencia de que el nuestro es más corto, más oxigenado, más bello, dotado de sus osos perezosos, azuladas mariposas y frutos tropicales.

Cuando dejemos a un lado la miopía, la ceguera, la avaricia de algunos escuálidos maleantes y le reemplacemos por amor a la patria, visión y eficiencia, profesionalismo con cumplimiento, entonces, florecerá el Istmo y su turismo.

Mientras tanto, permanecemos rehenes en mediocridad con Carnavales de tercera en la Cinta Costera y hoteles con niveles cada vez más ínfimos de ocupación.

Líder empresarial.