No perdona a su padre
Monseñor Emiliani, odio a mi padre. No lo puedo perdonar. Siempre ha sido autosuficiente, altanero, grosero, patán. Desde que era niño me agredía verbalmente y algunas veces físicamente. Solamente estaba yo tranquilo cuando se iba a su finca y se quedaba cinco días o más. Era el terror de todos cuando se enfadaba, más si estaba con tragos. A mi madre la trataba como una empleada doméstica. Públicamente la insultaba si algo salía mal, según él. A la finca siempre iba armado y más de una vez se enfrentó a tiros con vecinos y con ladrones de ganado. Una vez fue herido en una pierna y estuvo en el hospital casi un mes, ya que se le complicó todo porque es diabético. Esa vez, durante todos esos días, estuvimos felices en casa mi mamá y mis tres hermanos. Yo ya soy profesional, profesor de Ciencias en un colegio.
Para mí es un hombre amargado. Ciertamente ha sido muy trabajador y nos alimentó y educó a todos. Pero yo no lo soporto cuando lo veo. No le digo nada, pero él sabe que no me siento cómodo cerca de él. Yo mismo tengo mal carácter y en ocasiones he tenido problemas con mis autoridades en la docencia y hasta con policías por asuntos de tránsito, aún teniendo razón ellos y proyecto en estas personas el resentimiento que tengo con mi padre.
Estimado profesor.
Vive usted un infierno por almacenar un depósito de malos recuerdos, dolor agudo, enojos, amarguras y casi todo enfocado en su padre. Su papá está enfermo emocionalmente y le ha transmitido a usted el virus de la inconformidad y rabia. El tormento que produce el odio que siente a su padre lo va aniquilando emocionalmente, basado todo esto en sus recuerdos negativos, que al volver le hacen revivir todo lo que pasó y que afectó a su persona. En el fondo, usted está haciendo que su papá, el que lo hizo sufrir desde niño hasta la juventud, esté vivo dentro de usted y lo siga torturando. Su enfermedad emocional se llama resentimiento y es un cáncer del alma que lo lleva al odio. Este sentimiento tan negativo desea la destrucción de la persona odiada, cosa que convierte al que odia en un asesino, según Jesús. Y lo que es peor, confunde a Dios con la imagen opresora de su padre y entonces nada más lo ve como un Dios justiciero, que castiga sin piedad, que impone terror, que se hace respetar con amenazas y aplica desgracias. Ese no es el Dios verdadero.
Dios es un padre bueno, no justiciero ni vengativo, sino infinitamente misericordioso y compasivo, generoso y paciente. Si Él lo perdona a usted, por amor a Dios, a su papá y a usted mismo, tiene que perdonar. Y trate a su papá como un anciano que necesita amor, comprensión, compañía. Vaya a la finca y quédese con él lo que pueda y recuerde que con Dios somos invencibles. / Monseñor.