Aquilino E. Boyd, defensor de la Patria

Por: Redacción 03/09/2018

Muy grande es mi reconocimiento por volver a publicar con motivo del XIV aniversario del fallecimiento del Licdo. Aquilino E. Boyd (2004-2018) para hacer unas pocas reminiscencias de su vida pública como político, diputado, diplomático, embajador y canciller de la República, y hacer de esta manera que tan valiosa obra tenga acceso a un vasto círculo de lectores no solo de Panamá, sino también de toda América Latina y el Caribe.

Obra de su quehacer cívico patriótico que, año tras año, hemos reseñado, tras su fallecimiento el 4 de septiembre de 2004 en Panamá, República de Panamá.

Su activa participación en la vida pública del país se inició en 1948, a pocos años de concluir la Segunda Guerra Mundial, al ser elegido diputado a la Asamblea Nacional para el periodo de 1948-1952, siendo reelegido para los periodos subsiguientes de (1952-1956; 1956-1960; y de 1960-1964).

Fueron 12 años de convulsiones políticas en la vida nacional.

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Hace un decenio, señalábamos en un artículo publicado en "La Estrella de Panamá": "Pocos son los grandes personajes panameños que han conservado su actualidad a lo largo de las décadas, y cuyas obras e ideas han quedado arraigadas en la conciencia de su pueblo hasta nuestros días. Entre estos se encuentra Aquilino E. Boyd, aquel joven parlamentario, nacionalista, hombre de Estado y diplomático a quien la Patria y los panameños aún veneramos y admiramos".

Y es que sus ideas y su desempeño diplomático en distintos frentes, y en diferentes épocas y situaciones son citados constantemente; son objeto de siempre nuevas interpretaciones, sirviendo a las más variadas tendencias políticas.

Es así que la memoria de Aquilino E. Boyd se mantiene viva en Panamá y en los organismos mundiales como la ONU, en donde ejerció por muchos años como embajador, representante permanente de Panamá, con inteligencia, lucidez, decoro y dignidad, en defensa de su pueblo y de la paz y la seguridad internacionales.

¡Aquilino E. Boyd, panameño raizal!

Su pensamiento y deseo era que en Panamá el hombre y la mujer fueran respetados y valorados, independientemente de su condición social y económica, de cualquier pensamiento político y de cualquier credo religioso.

¡Para él todos y todas merecen respeto!

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Era un hombre digno, caballero a carta cabal, y por eso quería que en Panamá todos viviéramos con dignidad.

Siempre se identificó con la lucha contra la miseria, de la cual decía, nadie puede sentirse excluido.

Acariciaba la idea de que cada niño y niña tuviera una escuela donde estudiar, que los enfermos pudieran acceder fácilmente a la salud, que cada padre o jefe de hogar tuviera un trabajo estable que le permitiera mantener a su familia y que cada familia pudiera habitar en una vivienda digna.

En su visión de país, anhelaba un Panamá donde reinara la solidaridad.

Creía en la magnanimidad: los que más riquezas poseen deben apoyar y ayudar a los que menos tienen.

Y que es deber de los maestros, de todos los niveles de enseñanza, responsabilizarse de los muchos que permanecen en la ignorancia.

Y aprendió en los organismos mundiales, en los cuales se desempeñó con ejemplar maestría diplomática, el valor imperativo de la solidaridad internacional.

Por eso, siempre pensó en un Panamá libre de prejuicios, que pudiera desterrar los egoísmos y las ambiciones desmedidas, para convertirse en una patria solidaria.

Pedagogo, escritor y diplomático.