El servidor público y la tolerancia

Por: Redacción 28/09/2018

La tolerancia es la carta de presentación de todo servidor público, incluyendo al presidente.

Pueden tener cuanto diploma exista y cuanto título abaniquen si no tienen control públicamente de sus emociones es mejor que den la media vuelta y renuncien a sus aspiraciones porque la presidencia o el ministerio desde donde aspiren prestar su servicio no lo pueden comparar con su hogar, donde tal vez dan rienda suelta a su intolerancia y, a veces, hasta su pareja resulta victima de su falta de control emocional.

Por qué a los policías los entrenan para que controlen su adrenalina, aunque le asoleen a la viejita; yo los escuchaba repetir frases alusivas a formar su carácter cuando vivía en Santa. María, en la vía Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto), y trotaban muy de mañanita.

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La tolerancia es muy importante en la carrera política de toda persona pública porque es foco de atención hasta cuando esté en un lugar público tomándose un café, apenas alguien descubre su presencia comienza el cuchicheo así que imagínense si llega a perder los estribos en un acto público, como ha ocurrido entre diputados y senadores en diversos países del mundo comportándose como verdaderos estudiantes de secundaria que arreglan sus diferencias a punta de piñazos y elevando su tono verbal con frases que nunca debieron pronunciar,  y esos son los que pretenden crear leyes para controlar la delincuencia y la violencia en el país, preguntamos, ¿con qué autoridad moral intentan hacerlo

Señores, ser figura pública requiere de mucho sacrificio emocional ya esos arrebatos sin control quedaron encerrados en lo más íntimo de nuestra psiquis, no podemos darnos el lujo de de mostrar que somos el bravo de la película eso podíamos (y no debíamos) hacerlo cuando nadie nos conocía, pero ahora que aspiramos o pretendemos ocupar un cargo público la situación cambia totalmente porque seremos una figura “pública”, un personaje constantemente evaluado, censurado y criticado según nuestro proceder.

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Seremos servidores y administradores de los bienes comunes de todos y con nuestra intolerancia estamos transmitiendo un mensaje negativo a la sociedad que pondrá en duda nuestra capacidad para ocupar el cargo que desempeñamos, cobrando el salario que se paga con los impuestos de los asociados.

Si tenemos cola de paja quedémonos tranquilitos viendo la tele, sentados cómodamente en nuestro hogar, sin correr el riesgo de que por una palabra inoportuna, como chispa de fogón, se nos prenda la cola y perdamos el control.

Ser servidor público representa un honor por el respeto propio del cargo, pero más respeto merece el que con su voto nos puso allí, es cuestión de lógica no podemos olvidar por nada ese detalle y pretender ser unos “tiranitos” por tener la sartén por el mango.

El servidor público debe tener la cabeza fría y encendido el corazón, fría para las críticas no constructivas que caldean el ánimo y encienden el corazón, para acoger todo lo bueno que le permita servir con amor y responsabilidad a su pueblo.

Escritora.