¿Qué buscas pequeña?
Esto es ¡patético!, dje al despertar.
Dormida, vi , como retratado, un valle que tenía un aspecto amarillento y oscuro como esas fotografías viejas tomadas desde hace muchos años, con esas cámaras antiguas.
No podía distinguir qué había y pasaba allí.
Pero junto a mí, mirándome suplicante, había una pequeña, no sé si era una mujercita o una niña, lo curioso es que, a diferencia del aspecto del valle, ella se veía medio iluminada como cuando en los escenarios hacen un enfoque cerrado al personaje que está solo en escena.
Estaba cerquita de mí con algo que apretaba en sus manos y escuché que pronunció un nombre y ¡zas!
Se congeló la imagen.
Al despertar con todo esto en mi mente, me dije: ni le voy a parar bola.
Y me dediqué a mis cosas habituales y a escribir algún artículo pendiente.
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Pero, ya saben, hasta que no escriba la imagen permanece congelada en mi mente.
Así que decidí hacerlo.
Les comparto.
Amaita, así la nombré, vivía en ese valle con unos parientes, era una joven pero de baja estatura muy inteligente.
Se esmeró en estudiar para salir adelante y no depender de sus parientes que, en ocasiones, le daba la impresión de que estaban cansados de ella.
La habían recibido cuando falleció su madre y ellos eran sus únicos familiares.
A medida que pasaba el tiempo, Amaita sentía que no encajaba en ese rompecabezas familiar.
Se decía muchas veces: no me siento pieza de esta orquesta, porque a pesar de los tiempos modernos que estamos viviendo, esta gente se empeña en vivir tiempos antiguos tradiciones de siglos atrás, no se atreven a pintar de colores vivos sus vidas y sus costumbres viejas.
Ahora comprendo el aspecto antiguo que tenía el valle.
Un día se dijo: ¿Ya está bueno!
Voy a cambiar de color mi vida, voy a buscar otra luz: así la vi junto a mí.
Reunió su haber y pertenencias y dando gracias a todos, que la llamaron ingrata, salió por donde había entrado y se marchó.
Buscando aquí y allá con lo poco que tenía, dejado por su madre, encontró donde vivir modestamente por un par de meses mientras encontraba cómo ganarse la vida, confiada en su preparación académica.
Como Dios siempre premia nuestro esfuerzo, encontró trabajo en una agencia de turismo y aprendió cosas tan hermosas que se propuso con la ayuda de algunas empresas darle vida al valle donde vivió y pintar de colores de amor su entorno y a sus habitantes y desaparecer el aspecto patético de aquel lugar que era un diamante en bruto que necesitaba de un buen pulimiento turístico.
Cuando dormida la vi ante mí, supe después que había pronunciado o murmurado mi nombre sabiendo que no me interesaría al despertar su historia.
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Pero las apariencias engañan, y ahora veo lo interesante que fue lo que hizo Amaita al transformar ese lúgubre lugar en un verdadero paraíso turístico que es visitado por cientos de personas nacionales y extranjeros que con sus ingresos inyectan grandes sumas de dinero a la economía del lugar.
Los familiares de Amaita consideraron que tenían una deuda de gratitud con ella y más por el mal trato que le dieron al dejarlos.
Decidieron hablar con las autoridades del lugar para hacerle un reconocimiento público de sorpresa por su desinterés y gran aporte a la cultura del valle.
Ella se enteró de lo que pretendían hacer y se negó a recibirlo, pero los familiares la convencieron de que en justicia lo merecía, para que no le rogaran como a santo en novenario aceptó y adivinen.
Bautizaron el valle con el nombre de “Valle Turístico Amaita”, donde lo antiguo se hizo nuevo.
¡Wao!
Y eso que no quería escribir nada.
Escritora.