Señor, estamos en comunicación con todo

Por: Redacción 27/10/2018

 

Señor, me he dado cuenta de que no estoy solo.

Desde que me levanto comprendo que mi conexión con las personas se remonta más allá de mi espacio y tiempo.

La cama que arreglo tiene sábanas hechas por muchas manos de gente pobre asalariada de Indonesia.

Y el tejido viene de lana de ovejas de Australia.

Y que la ropa que tengo está hecha en Honduras con material que mandaron de Estados Unidos y que al rezar en la capilla me siento en bancos de madera de montañas españolas y que las manos que los tallaron son de hace tres siglos, de vascos de vieja estirpe.

Y que al desayunar el café que tomo fue sembrado y cosechado por campesinos colombianos, trasladado en barcos holandeses que pasaron por el Canal de Panamá y que el pan nació del trigo de pueblos de Castilla y allí molido y traído en camiones valencianos.

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El libro que estoy leyendo fue confeccionado en China, su autor es alemán y el traductor argentino.

Estamos en un mundo interrelacionado.

Señor, y yo mismo vengo de un hombre y una mujer que a su vez vienen de Europa y América, y que de niño hasta hoy he sido educado por maestros de varias naciones y que si aquí estoy es porque vivo de la influencia de costumbres, tradiciones del país donde nací y ahora recibo la cultura del país donde resido.

Y que si voy más atrás me veré comunicado por mis células a una cadena humana que lleva hasta el inicio de la creación del ser humano.

Y más allá todavía conectado con la naturaleza, desde la primera gran explosión, que se extiende por la tierra hasta el confín del universo.

No estoy solo. Vengo desde muy lejos y más allá de todo esto están las manos creadoras tuyas que hicieron lo que hay y lo sostiene.

Pero no solamente porque me hiciste estás presente, sino porque tú estás detrás de todas las personas que he mencionado, y de los alimentos que consumo y del aire que respiro.

Tú estás en todo y todo vive gracias a ti.

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Porque eres Padre creador, Verbo encarnado y Espíritu Santo, tu presencia se siente en todo lo que me rodea, por lo que todo tiene un sentido, un porqué y tiene algo de sagrado.

Por tanto, todo lo que existe merece nuestro respeto, ya que vives en todo.

No podemos agredir la naturaleza y menos al ser humano, porque profanamos tu presencia y nos convertimos en tus torturadores.

Señor, ayúdame a vencer mi ignorancia, tomar conciencia de que tú estás en todo, en mí y que yo no estoy solo.

Amén.

Monseñor cmf.