Unos cuantos consejos

Por: Redacción 23/02/2019

No llores por la leche derramada, si lo que se perdió no se puede recuperar, porque hay que olvidar lo que ya no tiene remedio y seguir adelante, porque la vida es bella mientras esté Dios.

No estés mirando siempre para atrás, lamentándote por lo que ya desapareció, echando la culpa siempre a terceros de aquello que ya no está, porque te amargas el resto de tu vida y se te escapan las mil nuevas oportunidades para realizarte de una manera mejor.

No es cuestión de tener mucho, o de acumular fortunas, sino con lo que tienes buscar ser tú una persona más plena y capaz.

Hay toda una vida por delante, con muchas cosas que realizar, y ya sabes, se cierra una puerta y otra se abre mejor.

Al mal tiempo buena cara y si llueve, aprende a danzar con la lluvia, y a usar un mejor paraguas porque la tormenta por tu cuenta no la podrás parar.

Aprende a aceptar lo que no puedas controlar como inevitable y a manejar lo que puedas influir con tu persona y herramientas particulares. 

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Estas son tu inteligencia, voluntad, sentimientos, emociones, cultura, educación, fe y tu capacidad para buscar esa armonía interior necesaria.

Vive tu presente, porque ahí encontrarás la serenidad necesaria, la paz mental para ver mejor las cosas.

Mira el futuro con optimismo y por supuesto con gran fe. 

Estás en manos de Dios.

No permitas que los fantasmas mentales te invadan el cerebro y creen películas de terror y te paralicen con miedos.

Ya sabes ese dicho antiguo pagano: "cuando los dioses quieren destruirte, te enloquecen". Los miedos provocan zozobras mentales y emocionales.

Trata de ver siempre en cualquier cosa lo positivo.

De todo mal se puede sacar algo bueno y Dios todo lo hace y permite para bien de aquellos a los que él ama. 

Busca los buenos consejos y para eso intenta rodearte de personas sabias, prudentes, y positivas.

Si no tienes más remedio de convivir con alguien negativo, intenta que no influya negativamente en ti, sino más bien sé tú el que lo ayudes a ver la vida de manera positiva.

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No te canses de hacer el bien y sin mirar a quien.

Conserva la humildad para seguir aprendiendo de todos y de todo.

Echa fuera toda soberbia y orgullo.

Recuerda que solo se vive una sola vez y luego la eternidad. 

Por eso valora todos los días de tu vida, aprovechando todo momento para hacer el bien.

No pierdas tontamente el tiempo porque es oro y cuando se fue no vuelve más.

Y no te olvides que con Dios eres invencible.

Monseñor.