Triunfo sin triunfalismo
Los candidatos presidenciales, unos más que otros, se han venido posesionado en la mente de los panameños.
La gente viene definiendo por quién votar.
Se respira un ambiente favorable que por ahora coloca a las ofertas electorales en un orden que se reitera en las encuestas publicadas hasta la fecha.
Hay, en las bases de los colectivos, diversos niveles de entusiasmo.
Existen razones para pensar que el triunfo electoral mira hacia una determinada dirección.
Los partidos y los candidatos independientes inyectan, en sus recorridos, entusiasmo, aunque en algunos casos se observa más debilidades, que fortalezas, pero nada debe llevar a esta altura del proceso a asumirse una actitud triunfalista.
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Construir la imagen de ganador, el que la gente opte por una oferta electoral y te coloque de primero a la hora de seleccionar, de percibir quién es el "mejor' y, por tanto, quién será el ganador, este es un proceso que no es ajeno a las cualidades muy particulares del candidato, de su procedencia o no de un partido político, del discurso y su vinculación con los intereses de la gente, sin dejar de considerar las debilidades de las contrapartes.
Pero, no debe ser el caso de una certeza absoluta de triunfo electoral porque, igualmente, cada propuesta logra igualmente incidir en una parte del electorado.
Por ello, en nuestra historia política, no han faltado las "sorpresas" y los sorprendidos.
El triunfo electoral, se alcanza después del conteo, no antes.
Para llegar ahí, se requiere organización, se requiere planificar con el objetivo de potencializar el esfuerzo colectivo, que involucra el sacrificio y del cumplimiento de todas aquellas tareas particulares que facilitan el logro de la meta propuesta.
Son condiciones que se ven favorecidas cuando se acompañan de optimismo.
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El optimismo es saludable, más si este se administra con humildad y no se lleva a la exageración.
El hecho cierto es que antes del 5 de mayo nadie ha ganado, por lo que hay que seguir trabajando y demostrar que sí se está comprometido con Panamá y su gente.
Hay que guardar distancia del "optimismo exagerado" que podría desmovilizar el accionar tan necesario para garantizar que la percepción de triunfo se convierta en realidad.
Así, la creencia de que se alcanzará el éxito no deberá ser sinónimo de triunfalismo.
Menos, si es el caso de que, con este sentimiento, se deje de lado lo que debe hacerse creyendo que ya todo esta dicho.
Nuevamente la sorpresa electoral podría hacer acto de presencia.
Ante la urgencia de un Panamá administrado con efectividad, hay que apostar a la seguridad de lo que se hace, sin que esto lleve e implique el descuido; más bien implica la realización de aquellas cosas que van a dar la certeza del triunfo, siendo la final la de ir a la urna y votar.
No es, porque ello sería un nefasto triunfalismo, el cruzarse de mano y no concretar, a través de la votación, ese acto final que es el que permitirá decir: Hemos triunfado.
Docente universitario.