Resucitó de veras

Por: Redacción 27/04/2019

Había mucho dolor en la aldea, porque moría un hijo querido, el único de una viuda, muchacho ejemplar que servía a la gente y ardía en amor al Dios de los judíos.

Una serpiente mordía su pie cuando venía de ayudar al viejo Andrés, el de la acequia abajo, a recoger a sus ovejas dispersas por el ir y venir de un lobo hambriento.

Cómo no ayudarlo, cuando aquel señor, desde años, trabajaba para levantar a sus hijos de la pobreza extrema, y ahora lo hace con los nietos y todos aquellos que a él acuden en busca de alimento.

Va la caravana de la muerte camino al cementerio, la madre primero llorando a su muerto, y detrás los del pueblo, y en una litera cubierto con sábana blanca, del muchacho su inerte cuerpo.

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Y asoma por lo alto de la colina un grupo que baja, y delante un hombre alto y de mirada serena, llamado Jesús, el nazareno, que con los amigos canta un salmo judío y sonríe sabiendo que Dios está muy dentro, tan es así, que él mismo lo es, Divino y humano, en una sola persona.

Se encuentran la muerte y la vida, el cielo y la tierra, la oscuridad y la luz, el final del que nadie escapa, y el Cristo que todo lo puede. Jesús mandó parar la procesión del dolor, se acercó al muerto y tocando su cuerpo lo mandó levantarse, y el joven lo hace, se incorpora y Jesús lo entrega a su madre.

El llorar y las lágrimas, el llanto y el quejido que sale del alma, de la viuda que perdió a su hijo, y de los acompañantes, se cambia, se torna en canto y en risas, en gente que danza y alaba a Dios por semejante portento.

Gloria a Dios por lo que hemos visto, dice la gente y rodean al Jesús, hijo del Dios viviente, reconociendo en Él al enviado del Padre, el Dios clemente.

Pero el mal es creciente, el odio y la envidia de alguna gente, fariseos, saduceos, herodianos y también romanos.

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Este hombre cada día es más querido.

Acabemos con él antes que la gente nos desprecie y solo quieran seguirlo a él.

Ya ha hecho muchos milagros, y expulsa demonios, y aunque esto lo hace por ser Belcebú, la gente cree que de Dios viene.

Y lo matan en la cruz.

Enterrado en la tierra, en sepulcro prestado, espera del Padre su poderosa manifestación.

Y al tercer día resucita el Señor Jesús, abriendo las puertas del cielo a todo viviente, si cree en su divinidad y sigue sus pasos.

Él ha resucitado.

Viva Jesús.

Amén.