Funeraria con ataúdes llenos

Por: Redacción 06/10/2019

El propietario de la Funeraria “Descansa Cómodo”,  se quejaba de lo mal que estaba el negocio.

Se decía, -no le deseo la muerte a nadie pero, los vivos no me dan de comer sino los muertos, qué dilema tengo, no puedo alegrarme porque mueran y estar triste porque viven-.

Y así pasaba don Panteón sus días esperando ver entrar a gente con cara de velorio buscando ataúd y parece que en ese pueblo la gente come bien y vive sano porque nunca les da ni un resfriado.

Un día, entró un amigo y le preguntó : ¿entonces, Panteón, no cae ni uno? ¡Qué va, ni por equivocación!,  respondió el aludido.

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El amigo le comentó: anoche me dio un faracho y pensé alegrarte un poco, pero mi mujer me dio un menjunje que me levantó enseguida.

Panteón lo miró fijamente y pensó para sus adentros: “lástima que tengas una mujer tan bellacasu amigo al ver que lo miraba fijamente le preguntó: ¿qué pasa? 

No, nada,  me alegro que estés bien y no fue nada grave. 

No veo que estés muy contento de saber que no fui cliente tuyo.

Panteón, reaccionando, dijo: no digas eso, ¿cómo se te ocurre?

Eres buen amigo mío.

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Sí, pero vivo no te sirvo de nada, muerto puedes pagar deudas y hacer súper,  ¡ja,ja,ja,ja!

No me eches cuento Pante’, y salió del local.

Al quedar solo, alzaba los ojos al cielo y suplicaba: Señor, perdóname por desear que la gente se muera, pero recuerda que no vendo mangos, sino ataúdes y solo se llenan con muertos.

De pronto, escuchó una voz que le dijo: ¿Quieres muertos? 

No te preocupes, ¡los tendrás!

Panteón se asustó tanto que dejó de orar y se marchó para su casa impresionado por lo sucedido.

Esa noche, Tumbita, el amigo de Panteón, tuvo una idea y reunió a todos sus amigos del barrio y les dijo: Vamos a darle una alegría a Panteón, que se muere porque nadie estira la pata; procuren traer una sabana blanca sin que sus mujeres se den cuenta  y salgan de casa a medianoche que vamos para la funeraria de Panteón.

Cuando lleguemos, todos nos meteremos en un cajón o ataúd y nos tapamos con la sábana quietecitos esperando que Panteón abra.

Cuando este llegó, como siempre, hizo lo que hace de rutina, prender luces, abrir ventanas y esas cosas, siempre sacude el polvo de los ataúdes de último.

Cuando sacudió el primero del susto casi le da un infarto 

Siguió abriendo uno por uno y no podía creer lo que sus ojos veían. 

Todos los ataúdes llenos tapados con sábanas blancas como no le dio por ver quienes eran,  dijo lleno de alegría: no sé de dónde salieron ni quién los puso ahí pero,  ¡gracias Señor por acordarte de mi!, ya averiguaré si hubo peste o matanza, no importa, la cosa se puso buena y se acordaron de mí.

En ese instante todos se levantaron a la vez y el pobre Panteón quedó paralizado, en shock, con los ojos desorbitados lleno de pánico, sin poder moverse y Tumbita se le acercó y le dijo: ¿te das cuenta que sí te alegras cuando alguien muere? 

A pesar de que vives de esto, debes tener sentimiento y solidaridad con los dolientes y no alegrarte con la desgracia ajena.

Panteón aprendió algo valioso relacionado con su negocio.
Escritora.