El silencio de la madre

Por: Redacción 09/01/2021

¿Has escuchado el silencio de las mujeres que sufren? Las madres que ven a sus hijos que padecen hambre y no hay nada de comer para ellos. Las madres que ven a sus niños crecer desnutridos y enfermos, y que están siempre débiles.

Las mamás que saben que sus niños en la escuela se duermen en las clases y que no rinden académicamente porque se han ido sin desayunar y quién con el estómago vacío pone a atención al maestro.

Las madres que lloran cuando su hijo ya más crecido lo han detenido por robar comestibles en la tienda de la esquina. O se unió a una pandilla de jovencitos y se la pasa fuera de casa algunos días y luego vuelve con algo de dinero.

Y es que ya asaltan a los transeúntes y son un problema para el vecindario. ¿Has escuchado el silencio de las madres que sufren? De aquellas mujeres que no han vuelto a saber nada del marido, de aquel que las hace parir y nunca se hace responsable de lo que ha hecho.

Hay que escuchar ese silencio, porque es el llanto callado y sordo, el gemido continuo que se pierde en el vacío de la indiferencia del mundo, de gobiernos y de empresas, de sociedades egoístas que no acuden al quejido de las mujeres abandonadas y que llevan a cuestas niños y más niños sin futuro alguno.

Pero para escuchar ese dolor que pasa de una generación a otra, ese silencio que se convierte en tumba abierta de sueños y promesas vanas, de mujeres engañadas que creyeron las mentiras de hombres desalmados, hay que guardar silencio.

Sí, mucho silencio, y contemplar el río de lágrimas que se convierte en océano, ya que son muchas, muchísimas mujeres que lloran por el desamparo, el hambre y la falta de futuro para sus niños y para ellas.

Y hoy te invito a escuchar el silencio de María que "guardaba todo en su corazón", y que también sufrió, y mucho, cuando fue rechazada con el hijo en su vientre en Belén naciendo este en una cueva. O cuando tuvieron que huir a Egipto por miedo al asesino de Herodes.

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Y allá despreciados por ser pobres emigrantes judíos. O contemplando a su hijo calumniado, rechazado, torturado y luego asesinado en una cruz en las afueras de Jerusalén. En ese silencio de María había mucho dolor, muchísimo, y que ella llevó con dignidad y fortaleza, comprendiendo que todo era por la salvación del mundo. Tenemos que escuchar el silencio de María y el silencio de millones de mujeres que sufren en el mundo.

Monseñor.