Arnulfo Barroso Watson

La figura del testigo protegido no se desliga de su origen en la Inquisición

Por: Arnulfo Barroso Watson 11/04/2021

Tengo que coincidir plenamente con los colegas abogados que afirman que la figura del "testigo protegido" en Panamá se ha desfigurado (valga la cacofonía), a tal punto que, en muchos procesos legales, constituye una vergüenza para el sistema judicial.

Y es que esta figura jurídica, de reciente data en Panamá, nació contaminada. Estudiosos del Derecho la ubican en la oscura época de la Santa Inquisición. Los verdugos del momento le daban a los acusados de brujería (una acusación subjetiva) la oportunidad de que delataran a sus colegas de hechicería a cambio de salvar su vida.

Bajo presión, se hacían confesiones de todo tipo, desde brujas volando en escobas, hasta encuentros con el mismo Diablo. Parecido a las confesiones que se les arrancaban a los acusados en tiempos medievales, a punta de torturas, en ocasiones, hasta la muerte.

¿Quién no prefiere confesar un delito que no cometió a cambio de salvar su vida? O en el caso de los hechiceros, lanzar a la hoguera a quien se le ocurra para tratar de convencer a sus verdugos de que se trata de un buen acuerdo, o delación premiada, como se le llama ahora.

No quiero decir que la figura no tiene sus bondades. Ha demostrado que sí en casos de delincuencia organizada, en los que hablar o callar puede significar vivir o morir.

Periodista y abogado.