Cumplió el reto de 100 kilómetros en la inhóspita carretera entre Chiriquí Grande y Changuinola

Omar Vargas es un hombre de afrontar los rectos que se propone y recientemente corrió 100 kilómetros entre Chiriquí Grande y Changuinola, en su tierra natal Bocas Del Toro.

Una tarea que completó en poco más de 10 horas, 24 minutos y 31 segundos, pero tuvo que superar el indomable clima de esta región caribeña donde el sol fue su principal enemigo.

Omar Vargas, llegando a la localidad de Changuinola. Cortesía/Panamarunners

 

Omar un corredor de maratones y carreras en Panamá, se había trazado dentro de sus planes para celebrar sus 40 años de edad en la maratón de Amsterdam, Holanda, pero las restricciones de la pandemia y otros elementos lo llevaron a desistir de la idea.

Pensó en hace algo diferente en Panamá y se propuso inicialmente correr 50 kilómetros, pero después de realizar un entrenamiento entre Pacora y Cañita de Chepo, donde pudo probar la alimentación y la hidratación se animó a subir el reto a 100 kilómetros.

Omar Vargas, durante una para técnica en el recorrido. Cortesía

 

Pensó que la ruta ideal sería en su provincia y de paso en un lugar virgen para los amantes del running. "Después de los 50 kilómetros en Chepo, me dediqué a entrenar para este reto a un ritmo suave para buscar resistencia y lo hacía en la noche en un pace moderado en zona 2.

La mayoría del tiempo desde enero entrenó en Cerro Azul, que es el escenario más exigente cercano a la ciudad capital, recorría unos 150 kilómetros por semana. También corría en el Parque Omar y cerca de su casa en horas de la noche.

El reto en tierras bocatoreñas lo arrancó a las 3:50 a.m. con alguna gotas de lluvia, pero la mayoría del trayecto fue bajo un ardiente sol, también le aparecieron perros, un toro y un zorro. "Hasta el kilómetro 20 todo bien como lo había planificado y me hidrataba con agua y powerade. "A la hora 15 minutos de recorrido me tomé el primer gel. El carro con los pertrechos paraba cada 4 kilómetros. También me comí un emparedado de pan blanco con queso, coca cola, electrolitos y sancocho".

 

"A los 50 kilómetros, mitad del trayecto me bañe en el río y me cambié de ropa y me puse vaselina para evitar las ampollas en los pies y el corte de la piel con la topa. Me tiraba agua en todo el cuerpo para evitar que subiera mi temperatura y aumenté la hidratación para evitar la fatiga y calambres. También me comía cada cierto tiempo media mandarina fría, pequeños pedazos de guineo y algo saladito para evitar el hambre".

Omar asegura que pensaba en chistes y en su familia que lo esperaba con el objetivo de distraer la mente en paisajes solitarios rumbo a Changuinola.

"Lo importante es mantener la energía y del kilómetros 75 hasta la meta mejoré el ritmo, porque me sentía fuerte. El sol fue intenso me estaba golpeando entre las 12:00 medio día y las 3:00 p.m. y yo corriendo sobre ese asfalto recién colocado en la calle".

 

Bajé el ritmo 5:30 y 5:20 kilómetros y cuando me faltaban los tres últimos kilómetro, mi familia me esperó sobre el puente la adrenalina se me subió y bajé el pace, me había quedado algo de energía producto de lo que comí en el trayecto.


100


kilómetros fue el recorrido

10


horas y 24 segundos necesitó.


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Aurelio Martínez | amartinez@easa.com | AurelioMartine
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