En el bicentenario debemos hacernos un examen de conciencia como Nación
Los 200 años de vida republicana no solo deben mover a la realización de actos ceremoniales, sin mayor contenido espiritual, ni compromiso moral o ciudadano.
La fecha es propicia para hacer una reflexión profunda sobre lo que hemos logrado en estos dos siglos de independencia y lo que queremos para el futuro.
Panamá puede mostrar importantes avances en diferentes disciplinas que deben llenarnos de un orgullo profundo, pero también carga un lastre de corrupción y descomposición social que debe avergonzarnos hasta la médula, sobre todo a la clase política que históricamente ha sangrado a la Nación. Suena duro, pero es nuestra realidad.
Nada ganamos prestándonos al espectáculo vacío de los políticos, que pretenden que la patria se circunscriba a actos públicos, entrega de placas o desfiles.
La pregunta que debemos hacernos en este bicentenario es, ¿estamos satisfechos con lo que hemos construido y el camino que transita el país en estos momentos?
¿Panamá es un país libre y próspero para todos sus ciudadanos, o para una casta política y social?
Hay miles de formas de hacerle daño a la patria y de apropiarse de sus riquezas, en desmedro del pueblo.
Y en Panamá hay grupos que realizan con altas calificaciones esta deleznable tarea.
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El bicentenario debe servir para fijarnos nuevas metas como Nación, con transparencia e igualdad.
Periodista.