“La tarde que los pájaros oscurecieron el cielo”

Por: Redacción 12/11/2022

Libro de poesías alusivas a la muerte de un padre, escrito por el ganador del premio Ricardo Miró de Teatro, Alex Mariscal, quien presentó oficialmente su creación literaria.


   Reseñado y valorado por el también escritor Abelardo Sewell, en el salón Manuel E. Amador, de la Universidad de Panamá, el día jueves 15 de septiembre de este año.


    A diferencia de las “Coplas por la muerte de su padre”, presentadas por el español Jorge Manríquez, esta elegía nos transporta a un ambiente más real y familiar, y porque no decirlo también a una vivencia que muchos de nosotros hemos experimentado ya.


    Alejandra Pizarnik (poetiza argentina) es invocada por Mariscal para recorrer esos caminos intrincados cargados de recuerdos y sentimientos por un ser que se ha convertido en un suspiro en la inmensidad de la vida.


“Entro al río
y vierto allí tus cenizas.
El camino hace caminos,
las aguas purificarán tu alma.
Padre mío,
disuelto en cada roca,
en cada hoja de alga, …”

    En estas páginas comienzan a aflorar todos aquellos sentimientos que te inspiran, por aquellos seres que forman parte de nuestro universo personal. Las memorias escritas en papelitos amarillos como aquellos que solían darnos cuando íbamos a la tienda a comprar un real de algo.


   Sin lugar a dudas, es un dolor tan profundo que se representa en la hipérbole de que los pájaros oscurecieron el cielo, no solo el cielo físico aquel que podemos ver con nuestros ojos mortales, sino también ese cielo metafísico y astral en donde convergen todas las emociones flemáticas de la vida.

   Una elegía a un padre que se convirtió en esa fortaleza e inspiración vívida y plena, a un padre que nos abandona porque su tiempo de partir a llegado y que a pesar de estar conscientes que es una premisa de la vida, no nos resignamos a aceptar. Porque al final de toda su ausencia física nos deja un agujero negro en la existencia y el dolor es tan profundo que no existe una sustitución de reticencia para tal perdida.

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    Alejandra y Alex continúan, pues como Dante y Virgilio por ese camino inmaterial y tangible de los recuerdos plagados de símiles sobre las calles de Macondo y sus rarezas y aquellos rasgos particulares que se repiten reiteradas veces a lo largo de nuestra vida. Las extravagancias y excentricidades, la gente yendo y viniendo en un marismo de experiencias imborrables y memorables. “Traías la leche y la leña a la hora precisa. Nada nunca faltó bajo tu techo, porque tu techo era el firmamento, tanto y tan plagado de estrellas.”

   Con esta idea fundamental de un padre proveedor y protector, el pilar del hogar, viene a nuestra mente la presencia infinita de nuestros progenitores, hombres fuertes, campesinos madrugadores, jornaleros esforzados, profesionales idealistas, formadores de vida, de la vida de sus hijos, que en algunas ocasiones no valoran ese sufrimiento paternal silencioso.


    Un padre en la majestad del hogar, donde es rey y esclavo, juez y verdugo, amigo y enemigo y sobre todo el fundamento mismo de nuestra esencia básica. Un padre modelo que expresa su conocimiento que se toma como un dogma…”mi padre dijo: este es el MAR. Y afirmó como un profeta la palabra MAR … es siete veces más grande que la palabra TIERRA”.


En estos tiempos donde los valores y el respeto se ven vejados por la irreverencia y la indiferencia, leer un libro de poesías tan cargado de premisas de amor filial es como recibir un trago de agua fresca en el desierto.


   Al igual que los poetas Pizarnik y Mariscal, quienes siguen su recorrido por el intrincado sendero de las memorias imperecederas, mientras el cielo sigue oscurecido por miles de pájaros, yo continúo la interesante lectura de esta oda -elegía o viceversa y recorro de la mano de mi amado padre la extensa playa  recolectando conchas para hacerme un collar de sueños…