Liam Neeson, tiene 70 años, es un actor que descolló en su papel de Schindler en la gran película de Steven Spielberg en 1993, con una nominación al Óscar.
Sin embargo, no fue hasta 2008 que el hacedor francés de éxitos infinitos de acción, Luc Beeson lo eligió para liderar "Búsqueda Implacable", un agente al que le secuestran a su hija adolescente en un viaje de estudios a París.
Ese personaje provocó algo que ha ocurrido con muchos actores: encasilló al artista irlandés en el género de acción de hombres maduros, provocando un sinfín de películas similares, donde Neeson, interpreta a un policía o ex policía o un veterano pronto a jubilarse que se debe enfrentar con situaciones inesperadas.
Las tramas de conspiraciones son una constante en la historia norteamericana y en Hollywood en particular, con suerte dispar. Desde “El Embajador del Miedo” 1962 con el mismísimo Frank Sinatra, pasando por “Maratón de la Muerte” de 1976 y más aquí en el tiempos las pochocleras “Ataque a la Casa Blanca” y todas su copias, acrecentado por lo acaecido hace apenas dos años cuando una rama extrema de los simpatizantes de Donald Trump quisieron desconocer el resultado de las elecciones -en las que fue electo John Biden- e ingresaron al mismo Capitolio, en una escena que pocas almas pensaron ver alguna vez en Estados Unidos. Un documental, que analiza esos sucesos, llamado “6 de Enero” se estrenó hace pocos días en HBO Max.
En “Agente Secreto”, estrenada en varios países de Latinoamérica a fines de Diciembre, Neeson no escapa de su destino y de sus tramas, como un agente del FBI de operaciones negras. Ya está más pronto a una jubilación, por ende rescata agentes jóvenes en desgracia, y se encarga de todo tipo de asuntos directamente por ordenes del director del FBI, interpretado por Aidan Quinn, recordado como el hermano mayor de Brad Pitt en “Leyendas de Pasión”.
Esta vez no tendrá una hija que rescatar y socorrer, pero si ya es abuelo de una infante y tiene una relación tirante con su hija, que no soporta su nivel de tocs, obsesión por la seguridad y el trabajo.
Su personaje Travis Block, sigue propinando golpes y puede contra todos, incluso mucho mas jóvenes que él. En “Agente Secreto” la trama comienza de una manera muy fuerte cuando asesinan a una activista latina anti sistema luego de un discurso con poca asistencia frente al Capitolio. “Que parezca un accidente”, podría resumir toda esa primer parte.
Las líneas argumentales se van esparciendo, entre una periodista afroamericana que sigue la pista de aquel asesinato, los líos familiares de Travis, y los dilemas morales de un discípulo, afectado mentalmente, que no puede soportar la presión de su entrenamiento y las operaciones negras que el Estado en nombre de la libertad lo obliga a realizar. Es una lástima que esta línea no se explote más en el filme, ya que ese personaje, tiene reminiscencias al agente Mitch Leary (John Malkovich) de “En la línea de Fuego” de Wolfgang Petersen, director fallecido hace pocos meses.
Alguien al que el Estado entrenó para matar y perseguir, y una vez que enloqueció lo descartó. En aquel magnífico filme de 1993 protagonizado por Clint Eastwood -de los pocos que extrañamente no produjo ni dirigió-, un ex agente del Servicio Secreto de las épocas de Kennedy (que estuvo presente en su magnicidio), treinta años después tiene que enfrentar a Leary, que quiere matar al actual presidente, como venganza al Estado que lo enloqueció.
Lamentablemente, es en esta parte que la película “Agente Secreto” desbarranca, y las buenas ideas del inicio, aunque junto a los “homenajes” -para ser discretos- de muchas otras que ya explotaba, no terminan de amalgamar.
¿Agentes de Operaciones non sanctas con problemas de consciencia? ¿Dónde se encuentra la línea entre el mal y el bien? Es verdad que, metidos en el fango es difícil divisarlas como dice Travis, a modo de confesión, para calmar a su discípulo descarriado. Pero los espías del Estado, más si son internos, son tan viejos como el poder en si y las democracias. Finalmente, a la película, le caza al dedillo que se haya estrenado el Día de los Santos Inocentes.
A Liam, no lo queda otra que ponerse el filme al hombro, cuestión que realiza con su maestría habitual, pero no alcanzan para que los personajes sean verosímiles en la última parte de la misma. La hija que rechazaba todas su preocupaciones, termina aceptando de buen modo todo su accionar, después de pasar las mil y una, junto a su pequeña. El director del FBI, de la potencia más importante del mundo, se sube a una camioneta sin custodia, sin un auto de soporte, y le pueden disparar en el medio de Washington D.C., así de sencillo todo. Parece que los guionistas se tomaron vacaciones en la parte final.
Se nombra por allí a Hoover, el mandamás del FBI por mas de 50 años, que manejó casos resonantes y a piacere la inteligencia interna. Como bien se puede apreciar en otro gran filme, esta vez dirigido por Eastwood y protagonizado por Leonardo Di Caprio, “J. Edgar” (2011). Pero bueno, el director Mark Williams -también guionista y que ya lo había dirigido en “Venganza Implacable”- no es Wolfgang Petersen y mucho menos Eastwood, ni los productores poseen la maestría del francés Luc Beeson.
Hace pocos meses el propio Stephen King declaró: “Me hace falta una película de Liam Neeson”. Se nota que ya se ha vuelto un género en si mismo y casi un placer culposo.
No parece casual que entre los once proyectos -entre pre producciones y prontos a estrenarse- existe uno que es una remake de la saga de nada menos que de “La Pistola Desnuda”, las recordadas comedias con Leslie Nielsen.
Finalmente Neeson se parodiará a si mismo. Final cantado.
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Hace pocos meses el propio Stephen King declaró: "Me hace falta una película de Liam Neeson". Se nota que ya se ha vuelto un género en si mismo y casi un placer culposo.