Xi Jinping ganó el primer asalto Parte 2
La ventaja actual de China frente a Estados Unidos en la guerra comercial se explica por una combinación de resiliencia estratégica, capacidad de adaptación y una lectura más disciplinada del entorno global. Pekín domina una táctica que algunos analistas llaman "dominancia escalonada", caracterizada por respuestas graduales que preservan margen de maniobra. Washington, en cambio, depende con frecuencia de anuncios de gran impacto como aranceles de cien por ciento que rara vez se concretan o se sostienen en el tiempo. Esa inconsistencia erosiona la credibilidad estadounidense y reduce el efecto disuasivo de sus amenazas. Además, un embargo total contra China afectaría por igual a su propia economía, lo que limita sus opciones reales.
China actúa de manera quirúrgica. Cuando Trump decidió imponer aranceles sobre buques portacontenedores chinos, Pekín respondió con cargos portuarios equivalentes. La suspensión de compras de soya golpeó a estados agrícolas clave para la base electoral republicana. Aunque sigue dependiendo de tecnologías que no controla del todo, como los motores aeronáuticos, ha reducido su vulnerabilidad mediante inversiones sistemáticas en manufactura avanzada y redes de proveedores diversificadas. Al mismo tiempo, se convirtió en un socio irremplazable para países que participan en cadenas globales de producción, lo que eleva el costo político de cualquier intento de aislarla.
Su segunda ventaja radica en la construcción deliberada de un sistema comercial paralelo. China busca un conjunto propio de reglas, con licencias y controles que funcionen más allá de sus fronteras. El aumento de sus exportaciones, incluso en medio de la caída de ventas a Estados Unidos, señala que su poder económico se está desplazando hacia mercados donde sus restricciones resultan menos sensibles. Las medidas sobre tierras raras no solo presionan a industrias occidentales, sino que establecen un modelo de supervisión global inspirado en el mecanismo estadounidense para semiconductores.
La tercera ventaja está ligada a la cohesión política alrededor de Xi Jinping. Aunque enfrenta tensiones internas como la crisis inmobiliaria y el consumo debilitado, la población interpreta la ofensiva estadounidense como confirmación de que la autosuficiencia tecnológica es una prioridad nacional. El nuevo plan quinquenal refuerza ese objetivo y legitima el uso del poder estatal para acelerar la innovación doméstica.
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