El infierno en la familia
Si hay algo que el diablo odia es la familia bien constituida y formada por un hombre y una mujer que se amen de verdad y que además tengan hijos. Y que los niños conserven su inocencia. Y que recen juntos. Y que haya respeto de los hijos a los padres y viceversa. Que vayan juntos a misa. Por eso todas las estrategias infernales que se dan para romper la unión conyugal: peleas, insultos, celos, aventuras extramatrimoniales, resentimientos, ruptura del diálogo entre la pareja, distracciones, sean tareas laborales o diversiones continuas que diluyan la convivencia entre los dos. No hay tiempo para ambos como pareja, porque muchas cosas se anteponen. Romper la vida matrimonial es una victoria tenebrosa de las tinieblas. Las consecuencias de las separaciones y divorcios son nefastas para la familia. Los hijos sufren mucho el drama de una separación. Al romperse el vínculo matrimonial, el padre y la madre dejan de manera asociada y armoniosa de ejercer cada uno su rol de hombre y mujer que complementados crean en los niños un equilibrio, un balance, al aportar desde la masculinidad y la feminidad todos los nutrientes psicológicos y espirituales propios de cada cual. El desarrollo integral de los niños a nivel de personalidad plena se ve afectado cuando el hombre, el papá anda por un lado, y la madre por otro. Además de los traumas causados en la infancia por ser testigos y víctimas del conflicto, el enfrentamiento, la batalla de los padres.
Todos los medios de comunicación modernos, en especial las redes sociales, intentan inocular en la familia ideas y comportamientos muchas veces pervertidos, insanos, para distorsionar la vida conyugal tal y como la creó Dios, donde un hombre y una mujer se complementan biológicamente, mental, espiritualmente, y gracias a la procreación se sigue extendiendo la especie humana. Se intenta a base de canciones, modas, películas, crear un comportamiento humano superficial, agresivo, vanidoso, engreído, egoísta, y al final una sociedad vacía de valores y sin una espiritualidad sólida, donde el ser humano termina siendo auténtico lobo del hombre.
Por eso hay que crear conciencia del avance de las tinieblas en el mundo contemporáneo y cómo se intenta destruir a la familia. Y hacer ver que la niñez es el objetivo central de la voracidad del infierno, robando su inocencia, traumatizando su mente, maltratando su cuerpo con el hambre, en este caso concreto en las áreas más pobres de la tierra. Pero sea en el primer mundo o en el tercero, la estrategia de Satanás es aniquilar la integridad de los niños, desbaratar sus cimientos morales, espirituales y físicos. A fin de cuentas, destruirlos. Evitemos el infierno en las familias.