Mirar siempre con amor

Por: Redacción 29/06/2026

Aunque parece una frase hecha y que ya no tiene ningún impacto por ser vieja, es tan profunda, sabia y tan bíblica que vale la pena meditar en ella. Ver con los ojos del amor es mirar más adentro, y se hace gracias a la presencia del Espíritu Santo. Es mirar con sabiduría, por ejemplo, cuando te sientes atacado por una persona que está fuera de sí y te insulta, te dice cosas absurdas. Pongo esta situación: eres una buena ama de casa y tu marido, un día, de manera sorpresiva te levanta la voz y te dice que eras una inútil, que no haces nada bien. Sientes que hay furia en sus palabras. Que hay algo dentro de él que es ira comprimida. Pero que no es él en sus cabales. No es él en su comportamiento normal. Y sabes que no es cierto lo que dice. Y él también lo sabe. ¿Y qué pasó? Quizá en el trabajo está sufriendo una gran presión por un jefe déspota que lo ha amenazado con despedirlo: o tiene traumas infantiles no resueltos. Quizá un papá muy grosero que lo aturdía mentalmente con sus insultos continuamente y por cualquier cosa medio hecha, o cometida con errores, le venía un regaño grande. Nunca una felicitación o alabanza por algo bien hecho.

Todo eso carga en el subconsciente el marido de esta señora. Y quizá ambas cosas. Una mujer llena del Espíritu Santo puede ver el alma de este hombre y comprender su situación, entender lo que pasa dentro. Y en vez de echarle más leña al fuego, serenarse y dejar que pase su explosión emocional. Eso es sabiduría, que es algo más que inteligencia. Es un don del Espíritu Santo.

El no responder con la misma agresividad, el mantener el control emocional en situaciones adversas, tiene la gran ventaja de que el conflicto puede controlarse y evitar consecuencias algunas veces funestas. La persona agredida, en este caso la víctima, profundiza en el alma del otro y ve que está muy afectado por sus traumas infantiles no resueltos y por la presión intensa en el trabajo. Y siente lástima, siente dolor por su situación, y comienza a rezar por él, a pedir a Dios lo vaya serenando; y en medio del conflicto lo ve con amor y lo trata con amor. No es fácil, claro que no. Pero ese es el camino.

Lógicamente si la situación se complica, si ya hay maltrato permanente, la mujer tiene todo el derecho a protegerse incluso con medidas legales. Pero antes de eso acudir a un buen psicólogo, un terapeuta conyugal, la asistencia a retiros espirituales, orar con más insistencia y no dejar nunca los sacramentos.