Quien haya podido visitar todo lo anterior en dos días, que no es tarea fácil, el tercer día es el momento ideal para perderse por los barrios.
Hay muchos rumbos y destinos en la ciudad. El autobús urbano 200 que cruza el centro de la ciudad lleva hasta uno de los extremos de la antigua parte oriental de Berlín, donde aún se levantan las impresionantes moles de apartamentos de corte comunista.
O en la zona oeste se puede visitar el palacio de Charlottenburg, o el impresionante Estadio Olímpico, donde Hitler celebró sus Juegos Olímpicos en 1936 (ambos con descuentos para los portadores de la BWC).
Pasear por la comercial Friederichstrasse en el centro (Mitte) o por la más bohemia y coolFriedrichshain que separa los barrios de Prenzlauer Berg y Friedrichshain, o vagar sin rumbo por el barrio turco de Kreuzberg son tan fascinantes como gratuitos.
Al igual que visitar los almacenes Kadewe de la calle Tauentzien, que vienen a ser los Harrods de Berlín, aunque el riesgo de terminar comprando algún recuerdo aquí es altísimo.