A la hora de la hora

Di mi libro inédito 'Fábulas cotidianas’ les cuento A la hora de la hora:

Maldijo al gobierno corrupto con la misma vehemencia de otros años. Sobreviviente de la vieja guardia había visto casi todo: desde el golpe de Estado redentor, de los militares patriotas, a los desmanes de la dictadura; de políticos narcotraficantes al régimen comunista de la escasez.

Nadie le echaba cuento a Tino Medina. Monte y cielo en la mirada cansada pero no vencida; lluvia y sol en la cáscara del cuerpo apoyado en su bastón de okendo. Siembra y siega en el monte, trabajo y jornal en la ciudad.

Ahí estaba frente al paredón improvisado, en la fila obligada mientras esperaba su hora. Sumergido en un charco de recuerdos conversaba con los amigos sobre los rigores de aquellos años. Uno a uno había ido desapareciendo. De algunos jamás se supo, pasaron a la fosa común del olvido.

Del destino de otros se enteraría por los diarios. Corría los días de la fruta amarga de la democracia.

Tino sabía mucho y había visto demasiado como para no involucrarse. Casi centenario mantenía su verticalidad. No me rindo, no renuncio, no me rajo, era su lema. Absorto en sus pensamientos estaba, recordando aquella vez en la montaña cuando el guardia urgió a la fila a moverse y Tino avanzó unos pasos, un poco por inercia, entendida la gravedad de su predicamento.

Con un pañuelo mocoso limpió los anteojos de pasta y se limpió el rostro. Quería la mirada limpia para merecer su lugar en esa fila de humildes y menospreciados. Se trataba de su primera y quizá la última vez…

Al enemigo hay que darle la cara, nada de medias tintas. Lo que se dice con la boca se sostiene y se defiende con la vida. Del bolsillo de la camisa sacó la foto en sepia. Podía recordar uno o dos de los rostros que aparecían en aquel rectángulo. Eso lo sostenía.

Un bajareque vino a tapizar lo que quedaba de la tarde. Eran casi las tres y el olor a quemado le llegó de lejos. Ya era su turno, caminó con la frente en alto, se acomodó los anteojos para distinguir al enemigo y con el orgullo de la convicción, seguro de que se trataba de un acto subversivo, clandestino, terrorista, a lo panameño, dejó caer al fondo de la urna su voto.


Categoría
fecha edicion
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132741
autor
Héctor Collado (Escritor)
Fecha y hora de publicación