El cielo de Swedenborg

Durante los mismos años en que Johann Sebastian Bach se comunicaba con Dios por medio de sus cantatas dominicales, Emanuel Swedenborg conversaba con espíritus de otros planetas. El místico sueco documentaba con entusiasmo convincente aquellas tertulias etéreas y privadas. Swedenborg —visitado por Jesucristo y encargado de enderezar el torcido camino de la iglesia—, influyó en hombres brillantes: William Blake (poeta y pintor del romanticismo inglés); Carl Jung (psicólogo suizo); Jorge Luis Borges (escritor argentino).

En 1978, Borges dictó cinco clases en la Universidad de Belgrano de Buenos Aires. Los temas fueron: El libro ese instrumento sin el cual no puedo imaginar mi vida; La inmortalidad esa amenaza o esperanza que han soñado tantas generaciones; El cuento policial ese juguete riguroso que nos ha legado Edgar Allan Poe; El tiempo el problema esencial de la metafísica; y Emanuel Swedenborg el visionario que escribió que los muertos eligen el infierno o el cielo, por libre decisión de su voluntad.

Es peculiar la concepción que del cielo tiene Swedenborg. Alguna vez me pregunté cómo pretenden compartir la gloria almas tan disímiles, si en la tierra se repudian. Aflige el patético paraíso de portada de revista: leones y tigres dóciles conviviendo en armonía con humanos siempre sonrientes. Insolente alegoría del ridículo. Borges narra la experiencia de un hombre que, según Swedenborg, se ha propuesto ganar el cielo, renuncia a todos los goces de la carne y reza toda su vida. Es decir, ha ido empobreciéndose. Cuando muere llega al cielo, y en el cielo no saben qué hacer con él. Trata de seguir las conversaciones de los ángeles, pero no las entiende. Trata de aprender las artes. Trata de oír todo. Trata de aprender todo y no puede porque él se ha empobrecido. Es, simplemente, un hombre justo y mentalmente pobre. El cielo de Swedenborg no es un cielo de gazmoños, tampoco una recompensa, se llega con conocimientos, es un cielo intelectual, de trabajo, si nada sabes, estorbas.

Descubrí a Swedenborg en La invención de Morel. Adolfo Bioy Casares lo compara con Dante en lo viajero y en los destinos que visitan. Es curioso que Swedenborg nunca tuvo amigos en Urano, Neptuno o Plutón, los tres planetas aún no habían sido descubiertos. Sucede que cuando los visionarios discurren prometernos cielos y paraísos a cambio de fe ciega, jamás imaginaban que el hombre caminaría sobre lunas, descubriría nuevos planetas y hurgaría la inmensidad celeste con telescopios tan potentes, que pronto le verá el trasero al cosmos. «Los intercesores» —dice Cortázar en Rayuela—, «una irrealidad mostrándonos otra, como los santos pintados que muestran el cielo con el dedo».


Categoría
fecha edicion
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132742
autor
Emiliano Pardo-Tristán (Guitarrista y compositor)
Fecha y hora de publicación