Es caro educarse, pero no hacerlo es mucho más caro

Por: Redacción 10/03/2014

 
La educación es un derecho humano fundamental. Ha sido consagrada como tal por diversos documentos jurídicos internacionales, tales como la Convención sobre los Derechos del Niño (desde 1990) y, principalmente, la Declaración Universal de Derechos Humanos (adoptada en 1948) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (desde 1976).
 UNA SOCIEDAD MÁS EDUCADA TIENDE A SER MÁS PRODUCTIVA, A EXHIBIR MAYOR CRECIMIENTO Y A MOSTRAR UN MAYOR NIVEL DE DESARROLLO. LA EDUCACIÓN ES VISTA COMO UN MECANISMO, QUE ENTRE OTRAS CONSECUENCIAS PERMITE MEJORAR EL BIENESTAR DE LAS PERSONAS.
Además, la educación es un elemento clave indispensable para el ejercicio del resto de los derechos humanos. A través de ella los individuos logran su autonomía y desarrollan las herramientas necesarias para participar plenamente de la vida de su comunidad. Por tal motivo, la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana. Los datos estadísticos del Ministerio de Educación muestran cada año un aumento en los índices de reprobación de los estudiantes de los primeros grados de la educación básica general. Esto ha representado un incremento en el gasto público que asciende a más de $80 millones para el renglón de reprobados en los últimos años en este nivel, según informe de la Contraloría General de la República (2007).
Según reportes del Ministerio de Educación en el año 2009, el total de alumnos/as con deficiencias en el primer y segundo grado en la asignatura de Español, en las escuelas oficiales en la República de Panamá fue de 11,275 y 10,423 alumnos, respectivamente. En Matemáticas fue de 9,132 en I.° y 8,692 en II grado. Ambas asignaturas se constituyen en las dos primeras donde los niños y niñas presentan mayores dificultades al iniciar su proceso de enseñanza aprendizaje.
Se sabe que si un alumno/a no aprende lectura y escritura no puede acceder a otros aprendizajes más complejos, lo que confirma el grado de dificultad que tendrá el alumno/a en el desarrollo de las competencias básicas para el aprendizaje de la lectura y la escritura y la responsabilidad del personal docente en proporcionarle las herramientas necesarias para el desarrollo de esas destrezas tan importantes.
Esto como país nos obliga a conocer las causas de estas deficiencias y determinar los repertorios básicos que debe poseer la niñez al ingresar al primer grado, lo mismo que determinar las causas y factores asociados al problema, que pueden ser tan diversos como complejos: deficiencias perceptivas, sensoriales, auditivas, visuales, sociofamiliares, socioculturales, entre otras. 
La deserción es un desafío al cual se enfrentan todos los países de la región. Como país es importante contribuir a hacer frente a este desafío, a través del papel que desempeñan quienes legislan en Panamá. Pueden, entre otras cosas, asegurarse de que se asignen las partidas presupuestarias necesarias para la lucha contra la deserción escolar, de que los programas implementados sean evaluados de manera continua y de que la legislación relativa a la educación respete el derecho de los individuos a una educación de calidad que promueva la equidad y ponga el acento en el éxito de los aprendizajes. La relación entre la educación y la pobreza es una relación construida. No es obvia o “natural”, no obstante, la idea muy difundida acerca de que la educación es una de las formas privilegiadas de evitar y/o salir de la pobreza.
Las ideas de pobreza y de educación son constructos asociados a supuestos e intenciones sociales que responden a los intereses de diversos grupos sociales específicos.
La educación tiene un rol preponderante en el desarrollo de un país. Una sociedad más educada tiende a ser más productiva, a exhibir mayor crecimiento y a mostrar un mayor nivel de desarrollo. La educación es vista como un mecanismo, que entre otras consecuencias permite mejorar el bienestar de las personas. Los académicos sabemos que a través de su impacto sobre la productividad laboral se explican los niveles de ingresos de una población, lo que se traduce en una herramienta efectiva para superar la pobreza y reducir las desigualdades en la distribución del ingreso.