Cuando mañana Michelle Bachelet asuma de nuevo la presidencia de Chile se encontrará con un país que experimenta una desaceleración económica y en el que los ciudadanos, más conscientes de sus derechos, le exigirán que cumpla su programa de gobierno.
En los últimos años Chile ha experimentado un notable despegue económico, pero también ha sido escenario de numerosas movilizaciones a causa de problemas sociales que Bachelet aspira ahora resolver.
Porque junto al auge económico -con tasas de crecimiento superiores al 5%, una baja inflación y un desempleo que ronda el 6%-, la pobreza y la desigualdad siguen siendo asignaturas pendientes.
Además de su cercanía con la gente, la también exdirectora de ONU Mujeres cuenta a su favor con una cómoda mayoría parlamentaria en ambas cámaras y con la experiencia de haber lidiado anteriormente con conflictos sociales como la revuelta estudiantil y las protestas por la implementación del sistema de transportes de la capital.
En comparación con su primer mandato, Bachelet dispone ahora de un respaldo político mucho más amplio.