La multimillonaria estadounidense de origen iraní Anousha Ansari realizó en una nave rusa su viaje a la Estación Espacial Internacional (EEI) para convertirse en la primera mujer que ingresa en el exclusivo club de los turistas espaciales.
En compañía del cosmonauta ruso Mijail Tiurin y el estadounidense de origen español Michael López-Alegría, Ansari voló hacia la EEI a bordo de la nave Soyuz TMA-9, puesta en órbita hoy por un cohete Soyuz-FG lanzado desde Kazajistán.
"Una encantadora sonrisa femenina se adueñó hoy del turismo espacial", comentó la televisión estatal rusa, que por primera vez transmitió en directo el lanzamiento de una nave tripulada desde el cosmódromo de Baikonur.
El Soyuz-FG despegó sin contratiempos las 08.09 hora de Moscú tal y como estaba programado.
El lanzamiento de la Soyuz TMA-9 transcurrió normalmente, todos sus sistemas funcionan normalmente y los tripulantes se sienten perfectamente", dijo Valeri Lindin portavoz del Centro de Control de Vuelos Espaciales (CCVE) de Rusia a la agencia rusa Itar-Tass.
Durante la trasmisión televisiva, se vio la ignición de los propulsores de cohete, cómo este se perdía el cielo, mientras una voz en el Centro de Control comunicaba: "El vuelo transcurre normalmente".
Nueve minutos después del despegue, la Soyuz TMA-9 se separó del cohete portador y se ubicó en una órbita elíptica transitoria de 242 kilómetros de apogeo (altura máxima) y 200 kilómetros de perigeo (distancia mínima).
Esta es una de las fases del vuelo que pudo causar más molestias a los tres tripulantes, incluso a López-Alegría y Tiurin, que aunque ya han efectuado viajes espaciales en los transbordadores estadounidenses, ésta es la primera vez que viajan en las naves Soyuz.
Una vez concluida la fase de separación del cohete portador, la Soyuz TMA-9 con sus tripulantes a bordo comenzó su vuelo autónomo hacia la EEI, a la que se acoplará mañana a las 05.28 GMT.
A partir de la primera vuelta en torno a la Tierra, Ansari, Tiurin y López-Alegría pudieron quitarse las escafandras, lo que les permitirá adaptarse mejor a las condiciones de ingravidez.
Según Lindin, los médicos recomendaron a Ansari moverse lo menos posible, evitar los movimientos bruscos de la cabeza y sobre todo, los esfuerzos físicos durante el viaje. Debido al poco espacio el vuelo de ida es incómodo y Ansari y sus compañeros tendrán que conformarse con cenas frías, porque a bordo de la nave rusa no hay un hornillo para calentar la comida.
El viaje de Ansari supone una prueba de fuego para la promoción del turismo espacial, uno de los nuevos sectores en desarrollo relacionados con la exploración del cosmos.
Eric Anderson, ejecutivo de la empresa estadounidense Space Adventures, declaró recientemente que un viaje de diez días a la EEI en las naves rusas ya cuesta al menos 25 millones de dólares y no 20 millones como afirmaba la prensa.
Esta empresa, que trabaja con la agencia espacial rusa Roscosmos, ha organizado el viaje de Ansari y de otros tres millonarios, dos estadounidense y un sudafricano.
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