EN EL AIRE que respiramos viven al menos 1, 800 bacterias distintas. Son los cálculos que han realizado investigadores del laboratorio Lawrence Berkeley de California.
La finalidad de estos expertos es dotar a la comunidad científica de un punto de referencia sólido para evaluar las fluctuaciones de la densidad bacteriana del aire en función de factores como los cambios climáticos, al objeto de afinar el diagnóstico de ataques bioquímicos, si los hubiere.
Los investigadores de California, dirigidos por Gary Andersen, se dedicaron a recoger muestras de aire a diario durante 17 semanas en dos ciudades de Texas: Austin y San Antonio.
Las muestras, concienzudamente analizadas en el laboratorio, arrojaron datos bastante distintos, pese a haber sólo cien kilómetros de distancia entre los dos núcleos urbanos.
Los trabajos coordinados por Andersen descubrieron nada menos que 9.000 variantes de un gen involucrado en la producción de una proteína que está presente en todas las bacterias, uno para cada bacteria diferente.
Los científicos de Berkeley se apresuran a precisar que muchísimos microbios y bacterias que inhalamos son perfectamente inocuos y nunca han hecho daño a nadie.
Añaden que la presencia de estas 1, 800 bacterias que viven en al aire sube o baja no tanto en función de la localización geográfica como de los cambios de temperatura y de humedad ambiental.
El aire contaminado provoca mutaciones en el ADN.
La contaminación ambiental aumenta la tasa de mortalidad por cáncer de pulmón.
Las emisiones de productos contaminantes que fluyen por el aire en las modernas sociedades industrializadas provocan graves mutaciones en la secuencia del ADN que persisten durante generaciones.
Científicos canadienses acaban de demostrar estos efectos genéticos en ratones de laboratorio aunque las evidencias apuntan que este peligro es extensible al ser humano.
Cientos de miles de personas en todo el mundo viven en las cercanías de una fábrica de acero; todas estas familias y, por extensión, su descendencia, están expuestas a los peligros de las emisiones contaminantes.
Un trabajo canadiense publicado en el "Proceedings of the National Academy of Science" (PNAS) acaba de aportar las primeras evidencias que demuestran que la exposición continuada a estos productos provoca mutaciones que se heredan de generación en generación afectando a toda la descendencia.
Para obtener sus conclusiones, el equipo del doctor Chiristopher Somers expuso durante diez semanas a cuarenta parejas de ratones en dos entornos diferentes.
La mitad de ellos "vivió" en las cercanías de un área industrial de Lake Notario (Canadá), mientras que el resto fue alejado a unos 30 kilómetros de allí, a un área rural limpia de productos ambientales contaminantes.
Al margen de eso, el resto de sus condiciones de habitabilidad, alimentación, horas de sol, orientación y temperatura eran idénticas.
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El aire que respiramos tiene más de 2 mil bacterias
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